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No es suficiente leer su Biblia – debe poner atención

La primera vez que escuché un CD de música fue a finales de 1986, en la casa de mi amigo Timoteo. Había estado fuera del país por algunos años, así que probablemente fui el último de mi círculo de amigos en escuchar uno. Tim tenía un poderoso equipo de sonido, y puso la banda Glenn Miller, un Big Band. Yo estaba impresionado.

Entonces, compré un componente para CD para nuestro estéreo, y compré unos cuantos  discos, pero me llevé una brusca sorpresa. Cuando lo puse por primera vez, escuché todos los estallidos, silbidos y arañazos que mi antiguo LP tenía. ¡Qué estafa!

Le subí el volumen a la música para que sonara más fuerte, y escuché muy atentamente. Los ruidos desaparecieron, y escuché sólo el sonido digital puro. Oh. Me fui, me puse a leer el periódico, y ocurrió nuevamente – de mi CD salían chirridos. Una vez más, escuché atentamente, y los ruidos desaparecieron.

Me tomó unos pocos minutos para darme cuenta: mi mente me había engañado.

Estaba tan acostumbrado a escuchar discos, que cuando encendí mi estéreo, el cerebro sabía cómo debía sonar la grabación. Y entonces, me alimenté con la música que yo esperaba escuchar, y no con la música que estaba sonando. En un día o dos, el efecto residual desapareció,  y ya fuera que estuviera poniendo atención o no, empezó a sonar como un CD.

¿Qué tan a menudo vemos o escuchamos lo que esperamos, en lugar de lo que está frente a nosotros?

El Salmo 1 nos dice, “Más bien, en la ley  de Jehovah está su delicia, y en ella medita de día y de noche. Es decir, leer su Biblia no es suficiente. Usted debe leerla con mucho cuidado, asegurándose que ve precisamente lo que está o lo que no está ahí. Es natural que cuando usted estudia la Biblia, su mente está lista para adelantarse – “yo ya sé lo que dice aquí” – y salta ligeramente sobre el texto. O dice, “Ah, yo ya sé lo que esto quiere decir, ¡no se piense más!” Alguna vez escuchó a alguien decir lo que esto significa. Hay que prestar atención y eso requiere tiempo y ya. A veces, nosotros los evangélicos nos quejamos que ciertas denominaciones tienen confianza en la tradición humana – sin embargo, nosotros hacemos lo mismo, en efecto. Mucho de lo que predicamos proviene de cosas hemos escuchado de otra gente, es tradición. Si decimos algo pues “todo el mundo sabe que,” buen, entonces esa es tradición.

El Espíritu Santo desea  dirigirnos, y debemos pedir conscientemente su guía cada vez que abrimos el Libro o meditamos en él. Esto es pura gracia; sin embargo, no debemos darle al Espíritu mayor responsabilidad que la que le corresponde – ¿Por qué exigir que Él nos dé un destello blanco de iluminación a aburridos estudiantes de su Palabra?

La Palabra, ¿sigue retando y sorprendíendonos con su verdad? Algunas buenas señales son, cuando leemos la Biblia y decemos, “¡Bueno, jamás he visto esto!” “¡Esto no me suena correcto!” O sencillamente, ¿Qué, qué, qué?” Quizás el Espíritu nos hace prestar atención como nunca antes. La próxima vez que vea un verso difícil (“ponga la otra mejilla”; “regale su abrigo”; “dé todo por seguir a Cristo”), tómese su tiempo. Pida ayuda. No permita que sus primeras impresiones se conviertan en la Verdad.

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