Razon de la esperanza

La verdad de Dios para el pueblo de Dios

¿Por qué no abandoné la iglesia? Un testimonio.

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¡Gracias, Arnulfo Giron, por traducirlo!

Publicación tras publicación anuncia que los jóvenes se van de la iglesia. He leído algunas buenas ideas sobre los problemas y las soluciones.

Me hace reflexionar: ¿Por qué yo no abandoné la iglesia?

He aquí la historia completa: Primero fui a la iglesia porque eso era lo que la familia hacía; más tarde llegué a creer que era parte de mi nueva vida y necesario para mi crecimiento; luego un lugar donde podía ministrar: la iglesia se convirtió en mi llamado y desde los 22 años en adelante he estado en el ministerio a tiempo parcial o completo.

Todo para decir que, mi iglesia no tuvo que esforzarse mucho para captar mi interés. ¡Y mientras estaba en el seminario, la asistencia a la iglesia era obligatoria de todos modos!

Pero por qué no dejar todo eso de lado, porque más allá de estos puntos, había fuerzas “centrípetas” que me empujaron hacia la iglesia. Y voy a agregar algunas ideas de amigos de Facebook, que me ayudaron a trabajar en este artículo.

Fui desafiado a tener una fe de primera mano. Este factor se menciona con frecuencia en estos días, y tengo que estar de acuerdo, es el número 1 en importancia. Por supuesto, mis padres me habrían agraviado si hubiera tratado de dejar de ir a la iglesia. No obstante, llegó un punto (cuando cumplí 14 años), en que pasé a otro capítulo de mi vida: dije, “Esta es mi iglesia; esta es mi fe; esta es mi vida que estoy viviendo, y esta es la nutrición espiritual que yo necesito.” A manera de cliché: comencé a viajar en mi bicicleta cuatro millas montañosas de ida y vuelta para ir a la reunión de oración entre semana. Y sí, incluso bajo la lluvia.

Nuestro amigo de Facebook agrega esto: “Vivimos en una sociedad que alienta a sus adolescentes a no tomarse la vida en serio o actuar como adultos. Debemos estar abiertos a la posibilidad de que los jóvenes de nuestros días estén especialmente mal equipados para la vida devocional. Si ese es el caso, entonces mucha culpa también recae en manos de los padres y las escuelas. Consecuentemente, es parte del trabajo de la iglesia tomar una postura predictiva contra los aspectos de la sociedad que los rodea, que socavan la capacidad de los jóvenes para mantener un compromiso duradero con Dios y la iglesia.”

Nos enseñaron a cultivar el discernimiento espiritual. En alguna parte aprendí que hay verdad y error, y que no debemos tomar la palabra de un adulto por algo. Hoy a los jóvenes se les enseña en la escuela que no existe la verdad absoluta, y en la iglesia se les dice que la hay. El resultado es que tienden a resistirse cuando el predicador dice: “Soy el pastor, y lo que les estoy diciendo es la verdad absoluta, así que créanlo”. Yo no acepto ese tipo de dogmatismo de nadie, y los jóvenes tampoco deberían hacerlo.

Nuestra narrativa central era la Biblia, no “Crepúsculo” o “Juego de Tronos” o incluso Tolkien. ¿A qué narrativa central relacionamos los acontecimientos de nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestras lealtades?

Hubo liderazgo que hizo preguntas y escuchó. No siempre, pero a veces mis líderes se mostraron capaces de tomar en cuenta nuestras opiniones. Un año incluso le pedimos al pastor que despidiera a los líderes de nuestro grupo de jóvenes; en verdad no pertenecían a ese puesto importante. En muchas iglesias, el juicio habría llovido sobre los muchachos. No así en nuestro caso: esa semana salieron los pastores de jóvenes, y poco después tomó el relevo otra pareja, que eran fenomenales. No era gran cosa, no había largas conferencias sobre por qué no podíamos ser más sumisos.

Una amiga de Facebook dice que ella aconseja a personas que fueron lastimadas emocional, sexual y físicamente por personas que decían ser cristianas. Muchas iglesias prefieren mantener el estatus quo, en lugar de aceptar que pudieran estar dañando a sus miembros. Los jóvenes necesitan tener la libertad de hablar cuando alguien los está lastimando. Ella continúa diciendo que, en su ministerio de consejería, ayuda a aquellos que fueron dañados en iglesias que enfatizaron programas sin relaciones personales.

Yo era parte de una tribu. Muchos de los amigos de la iglesia de mis padres también estaban entre mis amigos y me hicieron sentir como parte del círculo. Acampamos juntos, jugamos billar en varios sótanos. Cuando estaba en casa de vacaciones de la universidad, los visitaba como hacía con amigos de mí misma edad.

Un amigo de Facebook dice esto (note la importancia de tener amigos adultos en la iglesia): ¡Mis amigos me llevaron a la iglesia y me mantuvieron dentro! Eran mi familia espiritual. ¡Junto con sus amados padres! Si no fuera por ellos, probablemente nunca hubiera ido a la iglesia por vez primera.

Otro dice: Cuando algunos amigos comenzaron a manejar, mis padres sabiamente nos permitieron ir a la iglesia con ellos en la noche – ¡unos 15-20 de nosotros fuimos a la iglesia juntos, por nuestra propia decisión! Por supuesto, ellos vinieron varias veces para asegurarse de que fuera legítimo, pero tener esa libertad de elegir era importante.

Mi iglesia no se promocionó como el único partido en el juego. No me di cuenta de lo que eso significaba hasta que visitamos otras iglesias, y se hacía claro desde el púlpito que este era el lugar donde Dios estaba obrando con una unción especial. Mi iglesia, por otro lado, se presentaba como un lugar donde uno podía encontrarse con Dios y ya. Los jóvenes van a resolver esto por sí mismos, por lo que es mejor reconocer el punto de antemano.

La política no nos dividió, o si dividió a los adultos, se lo deben haber guardado para ellos. Si mal no recuerdo, en mi juventud, algunos miembros de la iglesia estaban a favor de la guerra en Vietnam, otros en contra. Algunos pensaban que Nixon era un sinvergüenza, otros no. De lo que estoy bastante seguro es que a los disidentes políticos no se les informó desde el púlpito que estaban siendo desleales a Dios y a la patria, al menos no de la manera que lo hemos experimentado en la iglesia evangélica en los últimos 25 o más años. El Enfoque a la Familia, tal vez irónicamente cuando consideramos su retórica, ha observado que “los millennials se están desvinculando cada vez más de las iglesias y las personas que practican lo que ellos ven como una retórica política conservadora estridente”. [1] Pasé la mayor parte del último cuarto de siglo fuera de los Estados Unidos. Probablemente el mayor choque cultural que recibí fue este: cuando salí del país, el evangelicalismo era una religión; cuando regresé, descubrí que se había transformado en una ideología política.

Me dieron espacio. Cuando comencé un estudio bíblico para adolescentes, supongo que alguien debió aprobarlo, aunque no recuerdo quién ni cómo. Mi sensación hoy es que la actitud general era: “Claro, ¿por qué no?” ¿Somos positivos, “¡sí, vamos!” líderes a los ojos de los jóvenes?

Grandes líderes juveniles. Los líderes de nuestro grupo de jóvenes no se parecían en nada, pero con la única excepción (ver arriba) todos eran cristianos ejemplares, buenos oyentes y obviamente disfrutaban pasar tiempo con nosotros. Nuestro grupo de jóvenes siempre fue pequeño: 8-12 personas.

No todo se nos entregó. Sería una generalización verdaderamente tonta decir que, ¡Los adolescentes de hoy! ¡Solo quieren que se les entregue todo! No iremos por ese camino. Expresémoslo de manera positiva: vale la pena pedir que los adultos jóvenes, los adolescentes e incluso los niños más pequeños compartan la carga de trabajo. Cualquier padre sabe que los niños necesitan participar en los quehaceres para sentirse verdaderamente parte de la familia; lo mismo ocurre con la iglesia.

Para mí, eso comenzó temprano: a menudo teníamos cenas en la iglesia los sábados por la noche, y luego, cuando los niños (de 9, 10 años) empezábamos a correr alrededor del edificio, siempre había algún hombre que se acercaba para decir: “¡Está bien, muchachos, demos un buen uso a parte de esa energía! ¡Desmontemos estas mesas y sillas y volvamos a colocarlas en los salones de la Escuela Dominical!”. Lo cual estábamos felices de hacer; ¡solo tenía que mencionarlo! Nos estaba indicando que éramos parte de la iglesia: las damas nos habían preparado una buena cena y ahora era el momento de hacer nuestra parte. (Más tarde, tal vez, uno de esos mismos niños se haría cargo antes de que un adulto tuviera que preguntar, y nos uniríamos y simplemente lo haríamos). Hoy, me parece escuchar a más y más pastores quejándose de que nadie quiere trabajar en la iglesia. Bueno, preguntémosles. O, además, preguntemos qué creen ellos que se necesita hacer en la iglesia.

Un amigo de Facebook dice: la iglesia me proporcionó una estructura y una estabilidad que nunca había experimentado en casa. La influencia de hombres piadosos en mi vida en ese momento me enseñó más acerca de ser un hombre que nada ni nadie. Realmente disfruté trabajar con los hombres de la iglesia en varios proyectos, limpiar la iglesia después de los servicios, cualquier cosa. No quería dejar el lugar. La gente allí me aceptó y me hizo sentir valorado.

Me invitaron a participar. No soy participativo por naturaleza, por lo que a veces la “invitación” era más como “persuasión”. No puedo enumerar todas las pequeñas y medianas tareas que me encargaron en la iglesia. Pasado cierto tiempo, comencé a ofrecerme como voluntario para hacer cosas y no esperé a ser invitado.

Un amigo de Facebook añade: Brinde a los niños un lugar para servir de alguna manera. Ujier, ayudar en la guardería, enseñar a los niños más pequeños en la iglesia juvenil, etc. Les ayuda a sentirse parte de la iglesia, que es lo que son.

Me desafiaron a actuar como un adulto. Una vez le preguntaron a una madre sabia cuál era su secreto para criar niños. Desearía poder rastrear la fuente de la cita. De todos modos, ella respondió: “Yo no estoy criando niños. ¡Estoy criando hombres!” Cuando pienso en los jóvenes que dejan la iglesia hoy, mi impresión no es que estén decidiendo irse, sino que no están decidiendo quedarse. Necesitamos mostrar a los niños y jóvenes que un nivel maduro de firmeza y resolución son parte de nuestro caminar con Cristo.

Ed Stetzer lo resume de esta manera: “No podemos posicionar a nuestro estudiantado ministerial a pensar y a actuar como si fuesen un tanque de retención de cuatro años con pizza. Al contrario, necesitamos preparar a los adultos jóvenes para los desafíos espirituales que vendrán y las preguntas de fe que enfrentarán”. [2]

Un amigo de Facebook comenta: Debemos esperar que las señoritas y los jóvenes actúen como adultos y los traten como adultos. Tendemos a dejarlos vivir en el mundo “adolescente”. Proveerles una buena formación bíblica y teológica. Padres, mostradles el gozo de servir a Cristo. Haz cosas fuera de la iglesia por los pobres, los huérfanos, las viudas. Pida a los niños que ayuden. Anímelos a “actuar como hombres”.

Había otros factores más mundanos. Uno era: si no ibas a la iglesia los domingos en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, bueno, no había mucho más que hacer. Nada en los 2 1/2 canales de TV que podíamos recibir, ni videojuegos, etc.

PARA CERRAR: Oremos por los jóvenes uno por uno; aquí es donde tiene lugar la batalla. Y en adición, como ya hemos sugerido, asegurémonos de expresar nuestro amor grupal por los pequeños, adolescentes y jóvenes adultos, expresándoles ágape de una manera que ellos puedan descifrar correctamente.

NOTAS:

[1] http://www.focusonthefamily.com/about_us/focus-findings/religion-and-culture/~/media/images/about-us/focus-findings/FF%20-%20Millenial%20Faith%20Retention%20FINAL.ashx. Nuestra traducción.

[2] http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2014/december/real-reasons-young-adults-drop-out-of-church.html?paging=off. Nuestra traducción.

“¿Por qué no abandoné la iglesia? Un testimonio.” Por Gary S. Shogren, PhD, Profesor de Nuevo Testamento, Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

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