Razon de la esperanza

La verdad de Dios para el pueblo de Dios

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¡Apostasía por delante!

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Yo creo en Salvo, Siempre Salvo. Entonces, cómo interpreto la apostasía?

Ahora que dos cristianos muy conocidos han renunciado a su fe, he aquí algunos pensamientos acerca del otro 99% de nosotros:

La apostasía es una posibilidad para cada cristiano
Cada cristiano está en riesgo.
Cada cristiano está en un constante riesgo.

Bueno: ¿cómo puedo yo, que creo en la seguridad eterna, decir esto? ¿No se supone que debemos decirles a todos que yo tengo la seguridad absoluta de mi salvación?

NO.

La verdad de “una vez salvo, siempre salvo” de ninguna manera elimina la doctrina bíblica de que “hay personas que han profesado a Cristo, se han bautizado, se unen a la iglesia, hacen buenas obras, y luego se apartan de ella.” La apostasía ocurre todo el tiempo, pero las miles de las otras personas que se deslizaron este mes pueden haberlo guardado para sí mismas.

Lo que nos confunde, al menos en la tradición en la que crecí, es que tenemos un séquito de etiquetas desordenadas. Me enseñaron que, si una persona se aleja de la iglesia, de caminar con Cristo, de confiar en Dios, que bueno, esa persona es un “cristiano reincidido”. O “alejado del camino”. O “cristiano apartado” o “carnal”. Sin embargo, yo no puedo encontrar en la Biblia que “retroceder” en ese sentido esté en el vocabulario del evangelio. Alejarse de Cristo no es el caso de alguien que dice algo como: “Bueno, yo estaba en una dieta baja en carbohidratos, pero retrocedí.” No, cuando una persona rechaza a Cristo, o pasivamente, simplemente se aleja de Cristo, esa persona está en eterno peligro. Me rehuso a dar consuelo a una persona descarriada, ¡sólo advertencias de peligro! De hecho, no conozco ninguna forma de distinguir entre este tipo de reincidencia y apostasía, excepto que el apóstata es posiblemente más abierto sobre su estado. En el caso de Joshua Harris y Marty Sampson, estoy horrorizado de que ellos perdieron su rumbo, o lo desecharon, pero al menos fueron francos al respecto.

Leí un artículo por un hombre que sugería que Harris no podría haber hablado realmente en serio, y que saldría de eso. ¡Qué interpretación más extraña de alguien que ha renunciado abiertamente a Cristo! La Biblia dice que Cristo también le negará delante de Dios en el Día del Juicio, punto: Y a cualquiera que niegue a Cristo delante de los hombres, él también le negaré delante de su Padre que está en los cielos (Mateo 10:33). Ese es el veredicto que un apostata escuchará en el Juicio Final. Otro problema, y mucho más tóxico, es esta idea de que, una vez que levantas la mano para aceptar a Cristo, no importa lo que suceda a partir de entonces, eres salvo eternamente.

Aunque preferiría no mencionar su nombre, estoy obligado a citar a Charles Stanley, quien enseña un grave error:

La Biblia claramente enseña que el amor de Dios por su pueblo es de tal magnitud que incluso quienes se alejan de su fe no tienen ni la menor posibilidad de salirse de su mano…Usted y yo no somos salvos porque tengamos fe perdurable. Somos salvos porque en un momento expresamos fe en nuestro Salvador perdurable…Incluso aunque el creyente se proponga convertirse en incrédulo, su salvación no está en peligro. Cristo permanecerá fiel. [1]

Por favor, ¡lea de nuevo con cuidado! Y nota el término importante, “expresar fe”.

¿Y si un cristiano renuncia su fe? Perderá unos premios y nada más:

El creyente infiel no recibirá un lugar especial en el reino de Dios. [2]

Stanley que, él es salvo porque profesó fe en Cristo cuando tenía 12 años, y ya. [3] Esta no es la doctrina auténtica de la seguridad eterna – por cierto no es la versión calvinista – , sino otra noción no bíblica.

Miré a mi alrededor para ver si Charles Stanley había comentado recientemente sobre las deserciones de Joshua Harris o Marty Sampson, pero no encontré nada. No obstante, no veo forma de decir que, según su doctrina, debería enmarcarse así:

Incluso aunque Joshua Harris se haya convertir en incrédulo, su salvación no está en peligro. Marty Sampson fue salvo porque en un momento expresé fe en nuestro Salvador perdurable; ha perdido su fe, pero se queda con su salvación.

Y para ser lógicamente consistente, también deberíamos reescribir los textos del Nuevo Testamento.

Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Sin embargo, ¡no hay de qué! También, el que no persevere hasta el fin será salvo.

Timoteo, algunos han desechado la verdad y naufragaron en cuanto a la fe, pero ¡no se preocupe! Levantaremos el Titánic.

…toleras esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. Pero ¡no hay de qué! Una vez dijo que creía en Cristo, entonces, ¡no hay Lago de Fuego para Jezabel!

(Mateo 24:13, 1 Timoteo 1:19, Apoc 2:20-21, muy ampliamente parafraseados)

La doctrina reformada enseña, correctamente creo, que la “perseverancia” en la fe es una parte necesaria de la seguridad de la salvación. Mi seguridad no descansa en mis sentimientos. Mi seguridad está en Cristo. Si no estoy en Cristo, tengo cero seguridad. (¡Esto funciona igualmente bien para el creyente genuino que tiene dudas, aunque este es un tema para otro día!). Y cuando compartimos nuestra fe y hacemos la pregunta, “¿Puedes saber que eres salvo?” Nuestra posición debería ser: “Sí, ya que sé quién es Cristo,” no, “¡Sí, porque conozco mi propio corazón!”

Charles Spurgeon expresa esto maravillosamente, y él era un hombre que sin duda alguna creía en la seguridad eterna: “Los verdaderos creyentes no apostatarán, sino que se mantendrán firmes y serán guardados hasta el final.” ¡No obstante, él advirtió a su rebaño contra la apostasía! “…es una gran y solemne verdad que todos los hijos de Dios mantendrán hasta el final, pero es una verdad igualmente solemne que muchos de los que profesan ser del Señor se engañan a sí mismos y, a la postre serán apóstatas.” [4]

Sus pensamientos en Mañana y Tarde para la mañana del 19 de enero son sublimes, aquí es el link: https://www.facebook.com/MorningAndEveningSpurgeon/posts/495770717120377/

NOTAS:

[1] Charles Stanley, del capítulo 8, “Para quienes dejan de creer,” en Seguridad Eterna (Nashville, TN: Editorial Caribe, 1994), pp. 88, 95-96; también del capítulo 10, “Fiel a los fieles,” p. 109. En esta doctrina, Stanley sigue a Zane Hodges y el movimiento de “Libre Gracia”.

[2] Stanley, Seguridad Eterna, p. 108, énfasis agregado.

[3] Stanley, Seguridad Eterna, pp. 9-10.

[4] “Spurgeon Quotes on Apostasy”, https://www.girdedwithtruth.org/spurgeon-quotes-on-apostasy/

“¡Apostasía por delante!” Por Gary S. Shogren, Profesor de Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

 

Mirar antes de saltar. Orar antes de predicar.

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Hace un tiempo, Pablo dijo a los nuevos creyentes de Tesalónica:

Así que no dejamos de dar gracias a Dios, porque al oír ustedes la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron no como palabra humana sino como lo que realmente es, palabra de Dios (1 Tes 2:13).[1]

Con estas palabras, Pablo comunica que el éxito de los apóstoles radicaba en que ellos oraban. Y de hecho, más adelante él les pide,

Hermanos, oren por nosotros para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor, tal como sucedió entre ustedes (2 Tes 3:1).[2] 

El éxito al compartir la palabra de Dios está en la oración continua. Pablo no escribió libros acerca de “Métodos probados para el evangelismo exitoso”. Los pastores no viajaron a Corinto y llevaron sacos de denarios para ver sus presentaciones en PowerPoint acerca de “Los siete irrefutables principios de predicar.” Aunque sí se puede probar que usó métodos, el corazón del asunto para Pablo es que ni la estrategia ni la metodología puede traer el poder de Dios desde el cielo.

Yo me quedo perplejo por el resultado de un pequeño experimento: yo seleccioné cuatro textos de homilética muy informativos de mi estante, que tuve que leer en la universidad y en el seminario. Uno es un clásico del siglo 19; los otros son más recientes. Los revisé para ver qué era lo que los escritores tenían que decir acerca de la oración y su papel al predicar. Primero, el libro más antiguo enfatizaba la importancia de cómo organizar los pensamientos propios y cómo desarrollar una exegesis bíblica acertada. No ofrecía ninguna instrucción acerca de la oración.[3]

Lo puse a un lado asumiendo que era una aberración. Sin embargo, el segundo libro contaba la misma historia. De la misma forma, el tercero y el cuarto. Me siento tentado a mencionar nombres, pero no lo haré para poder concentrarme en este único punto: cada uno de los cuatro autores elocuentemente habla de que sólo la Palabra de Dios va a cambiar las vidas de las personas. Ninguno de ellos, sin embargo, conectó esa verdad con la necesidad de la oración, ni para la exégesis ni para la entrega del mensaje o para su seguimiento. Yo me imagino que todos estos autores clamarían en contra de la progresiva secularización de la civilización de occidente. Sin embargo ellos ofrecen guías secularizadas para la predicación y el evangelismo al no instar a los predicadores a doblar sus rodillas. Los textos misioneros muy regularmente caen en el mismo error. Y, lo siento, pero tampoco puedo aceptar que estos autores sencillamente dieron por sentado que los predicadores estarían orando, y fuerte. Cuando un pastor se desvía, la oración es lo primero que falta.

No es suficiente comunicar la Biblia o enseñarla sobre una sólida exégesis. Su mensaje permanecerá siendo solamente palabras si el Espíritu no actúa para cambiar las vidas de las personas. Además, cuanto más un cristiano se aleja del modelo apostólico, será menos probable que la Palabra tenga un impacto.

NOTAS:

[1] Ambas traducciones son de mi próximo comentario de 1-2 Tesalonicenses en el Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament.

[2] Estos versículos y otros tienen implicaciones importantes para la doctrina de la elección: si oramos para que las personas reciban el evangelio, ¿no estamos implicando que Dios puede intervenir en sus corazones y “llamarlos” a la fe, aún si ellos no están determinados a creer? Vea especialmente J. I. Packer, El Evangelismo y la Soberanía de Dios, capítulo 1.

[3] Será obvio a sus fans que no estoy pensando en el libro de Charles Spurgeon, Discursos a mis estudiantes. Spurgeon fue firme acerca de la necesidad del “La Oración Privada del Predicador” en Platica III. Él probó ser una vez más heredero de los puritanos.

Mirar antes de saltar. Orar antes de predicar,” por Gary Steven Shogren, Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

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