Razon de la esperanza

La verdad de Dios para el pueblo de Dios

El Don de Lenguas en la Iglesia del Siglo Segundo: una respuesta a Cleon Rogers

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Este ensayo fue incluido en Robert W. Graves, ed., Strangers to Fire: When Tradition Trumps Scripture, 2016, con algunas actualizaciones. También será parte de mi libro, Cuando Venga el Consolador: Ensayos sobre el don del Espíritu y su poder en la iglesia, pendiente de Publicaciones Kerigma.

En 1965, Cleon Rogers publicó un breve estudio acerca del don de lenguas en los siglos posteriores a los apóstoles.[i] Es algo tardío refutar un artículo de hace medio siglo, pero ya que la gente continúa citándolo como autoridad, vale la pena señalar algunos de sus defectos lógicos e históricos.

Rogers examina a los Padres Apostólicos, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Crisóstomo; y resume así su argumento (Rogers, 143):

Después de examinar el testimonio de los primeros lideres cristianos, cuyo ministerio representa prácticamente cada área del imperio romano desde aproximadamente 100 a 400 d. C., surge la idea de que los dones milagrosos del primer siglo expiraron y no se necesitaron más para establecer el cristianismo. Además, es muy evidente que incluso si el don existiera, a pesar de todo testimonio que lo contradiga, no era una experiencia cristiana ni normal, ni esparcida. La única referencia clara de algo similar a dicho fenómeno está conectada con el hereje Montano y con aquellos influenciados por su punto de vista erróneo sobre el Espíritu. Toda la evidencia apunta a la verdad de la profecía de Pablo cuando dice: “cesarán las lenguas” (I Cor. 13:8).

Incluso para el lector que desea estar positivamente dispuesto, Rogers hace amplias afirmaciones a partir de escasa evidencia. Él también comete una serie de falacias lógicas y errores factuales, que examinaremos ahora.

  1. Argumento desde el silencio

Rogers precipitadamente reconoce que debe fiarse en el Argumentum ex silentio, pero propone que, en este caso, el silencio – o como debió decir, un pequeño testimonio – es prueba de la ausencia del jarisma: “si el don de las lenguas se hubiese esparcido y en abundancia, seguramente habría sido señalado o mencionado de alguna forma” (135). Nuevamente, en el caso de un padre apostólico, “Policarpo no indica en ninguna parte que las lenguas son parte de un carácter normal del cristianismo; de hecho, él ni siquiera aborda el tema de las lenguas” (136). Rogers está simplemente suscitando la cuestión al preguntar: Los padres de la iglesia hubieran hablado más acerca de las lenguas, ¿cierto? Él parece creer que sus enseñanzas abarcaron todos los aspectos de la doctrina cristiana en sus epístolas (las cuales eran ocasionales por naturaleza) y en sus otros libros, y que la ausencia (y otra vez debemos insistir, casi ausencia) de las lenguas en la literatura es prueba de su extinción. Dado el testimonio de Ireneo (ver abajo), uno se pregunta cuánta evidencia debió necesitarse para ser convincente.

Si aplicáramos el enfoque de Rogers al canon del Nuevo Testamento, tendríamos que darlo como inviable. Si solo un documento, 1 de Corintios, no estuviera disponible para nosotros, concluiríamos a partir de Hechos que las lenguas fueron una señal inicial de recibimiento del Espíritu y que no existía ninguna práctica de lenguas después de que la persona se convirtiera; ni sabríamos de la existencia de los dones de interpretación de las lenguas, palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, fe, discernimiento, administración o auxilios. Ninguno de los evangelios – con excepción del final largo de Marcos, en 16:17 – se refiere a las lenguas; de hecho, están ausentes en 25 libros del canon, y más importante, la lista de dones de Efesios 4, 1a de Pedro 4 y Romanos 12 no mencionan las lenguas. ¿Por qué tal escasez de evidencia, en un entorno donde las lenguas eran un don espiritual tan conocido?

Así como los autores de las epístolas del NT, también los padres de la iglesia escribieron para dirigirse sobre temas cotidianos, no para producir guías comprensivas para la vida cristiana o la doctrina, los eruditos que especulan lo que debió haber sido o debió haber dicho se encontrarán en un terreno endeble.

Rogers quiere “determinar si las lenguas todavía se practicaban como en los tiempos de los apóstoles” (134). Ya que no poseemos casi ninguna información sobre las lenguas aún en tiempos apostólicos, y poco acerca de su uso en tiempos posapostólicos, la comparación de un conjunto de datos con otro nos puede decepcionar.

  1. Argumento de autoridad injustificado

Rogers cita opiniones de otros como un hecho: dos ejemplos serán suficientes. Primero (139), que “Robertson está en lo cierto al afirmar que ‘la declaración bastante vaga [de Ireneo] puede descansar en algún informe de los montanistas de Asia Menor…’”[ii] ¿Será cierto? ¿Cómo sabemos esto?

Él también cita como un hecho (141) que los montanistas practicaron las lenguas, ya que Hans Lietzmann lo dice.[iii] Esa opinión es muy cuestionable, como veremos. Pero aún entonces, Lietzmann no dice nada sobre eso, sino que los montanistas – con la única excepción de Montano al comienzo de su experiencia – profetizaron.

Lietzmann y Robertson eran académicos de renombre, pero no podemos aceptar sus declaraciones como hechos simplemente porque alguien lo dice.

  1. Un malentendido del montanismo

Los montanistas eran una secta cristiana apocalíptica que practicaban una super-espiritualidad, y afirmaban que ellos eran el cumplimiento de 1 Cor 13:10 NVI, que “cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá.” Para ellos, sus nuevas profecías eran la venida de la perfección. Ellos publicaron sus libros inspirados como la verdad de Dios.

Lo que distinguía a los montanistas, además de un conjunto limitado de nuevas y extrañas doctrinas (concerniente, por ejemplo, al ascetismo, al ayuno, a la viudez, y al martirio), era la manera en que ellos profetizaban. Eusebio dependía de la tradición anterior para representar cuán extraño fue su manifestación a la luz de la iglesia contemporánea. Una de sus fuentes dijo:

Comenzó a desvariar, a parlotear y a decir cosas sin sentido, profetizando en contra de la tradición de la iglesia y de sus costumbres desde el principio. De los que oyeron sus bastardos pronunciamientos, algunos se enfurecieron, considerándole poseído por un demonio y por un espíritu de error que perturbaba a la gente. Le censuraron y trataron de hacerle callar, recordando la distinción del Señor y su advertencia de guardarse de los falsos profetas.[iv]

Eusebio entonces ofrece una cita de Milcíades, otro contemporáneo a Montano:

No pueden mostrar que un solo profeta, bien del Antiguo Testamento, bien del Nuevo, fuera inspirado de esta manera: ni Ágabo, ni Judas, ni Silas ni las hijas de Felipe, ni Amias de Filadelfia ni Cuadrado, ni ninguno de los otros que no son de los suyos.[v]

Hay debate sobre el cómo relatar sus declaraciones proféticas con los jarismata bíblicos. La mejor explicación es que ni los montanistas ni sus oponentes relacionaron las declaraciones con el hablar en lenguas. En vez de eso, sus manifestaciones eufóricas fueron constantemente catalogadas como profecías, fueran verdaderas o falsas, por ambas partes. Así, un testigo contemporáneo reporta que es “no profecía, como la consideran, sino profecía falsa.”[vi] Y como dice arriba, ellos estuvieron “en contra de la tradición de la iglesia y de sus costumbres desde el principio.” Es decir, su estilo de profecía era distinto a su contraparte en la iglesia del segundo siglo. Uno de los nombres del grupo era la Nueva Profecía.

Tertuliano fue influenciado por el montanismo. Incluso, como veremos abajo, Tertuliano (Contra Marción 5.8), como Ireneo antes que él (Contra las herejías 5.6.1), hizo distinción entre lenguas y profecía. Lo mismo es cierto en Eusebio: él no estaba en contra de la profecía como tal, ya que afirmó el don en Amias y Cuadrato, quienes probablemente profetizaron a comienzos del segundo siglo, antes de la llegada de Montano.

Las profecías montanistas eran eufóricas y en trance, balbuceando salvajemente, pero en un lenguaje conocido; y después de despertar, supuestamente la persona no recordaba lo que había dicho.[vii] Rogers debía haber calificado cuidadosamente o incluso abandonado la idea de que “la única clara declaración sobre la manifestación de las lenguas se encuentra en la descripción de Eusebio de la actividad de Montano” (141).

  1. Falacia lógica del “alegato especial” con respecto a Ireneo

Rogers cree que “si el don de las lenguas se hubiese esparcido y en abundancia, a lo mejor se hubiera señalado o mencionado de alguna forma” (135). Bueno, para dar un testimonio vital, Ireneo, obispo de Lyon (Galia), hace la declaración positiva más importante en 180 d. C de que las lenguas sí existían en su época.

Rogers se involucra en piruetas al tratar de atenuar este texto (138-40), el cual explicamos abajo: primero, Rogers afirma que “el montanismo era uno de los malos elementos en Lyon” (139) y que el mismo Ireneo estaba bajo su influencia; que “esto está claramente descrito por Eusebio, quien dice que algunos de los mártires de Lyon poseían algunos de los dones espirituales de Montano y sus seguidores” (139 n. 30, refiriéndose a Eusebio, Historia 5.3, con Lietzmann invocado nuevamente para un buen efecto). De hecho, Eusebio no dijo tal cosa: increíblemente Rogers confunde a un hombre, Alcibíades de Lyon, con alguien de Frigia en Historia 5.3 (179; Maier distingue a los dos hombres) que pudo haberse llamado Alcibíades, pero que nombre era probablemente Milcíades. Rogers también propone que un grupo de montanistas de Lyon mandó a Ireneo a llevar una carta a Eleuterio, obispo de Roma, para defender su causa – esta es una interpretación de la carta; la mejor interpretación es que los mártires estaban solicitando a Roma tomar una posición más fuerte en contra de los montanistas. De hecho, Eusebio, que no tenía paciencia con el montanismo, comentó que estos “hermanos en la Galia volvieron a ofrecer su propio reflexivo y ortodoxo criterio acerca de la cuestión” (Historia 5.3, 179).

A partir de pocas referencias en Eusebio, libremente interpretadas, Rogers construye una toda comunidad montanista, que, según la historia, engañó a Ireneo – un hombre de no poco intelecto – a que interviniera en nombre de su doctrina. Rogers también argumenta que Ireneo solo había “escuchado” sobre el don de las lenguas cuando vivía en Asia Menor, y que él no era un testigo de primera mano de su manifestación. Pero ¿cuál es? Es raro hacer decir a Ireneo: “Había montanistas en Asia, de los cuales escuché; no, mentira, es que había montanistas en Lyon, a quienes escuché, y me engañaron haciéndome creer que era un don real; no, mentira, es que yo nunca escuché sobre las lenguas, no de primera mano.” ¿Qué quiere decir, Ireneo? ¿O mejor, Cleon Rogers?

Después de esta introducción a un texto clave, presentado de una forma tan dudosa, leamos lo que Ireneo realmente dijo en Contra las herejías 5.6.1, en 180 d. C.:

Por eso dice el apóstol: “Entre los perfectos predicamos la sabiduría” (1a Co. 2:6). Con el nombre de “perfectos” designa a los que han recibido el Espíritu de Dios y hablan todas las lenguas gracias a ese Espíritu, como él [es decir, “el apóstol”] mismo las hablaba, y como oímos hablar también a muchos hermanos que tienen carismas proféticos en la Iglesia, hablando toda clase de idiomas gracias al Espíritu, ponen al descubierto los secretos de los hombres para su provecho, e interpretan los misterios de Dios.[viii]

La frase pivote es “oímos hablar también a muchos hermanos.” Rogers, siguiendo la nota a pie de página de ANF, afirma (139) que “el latín antiguo usa el perfecto audivimus, ‘hemos escuchado,’” esto es, que actualmente no escuchan a la gente hablar en lenguas en Lyon. La pregunta más importante es por qué Rogers elige hacer exegesis de la versión latina secundaria, cuando tenemos el texto griego original citado en Eusebio, Historia 5.7.6 (183); más allá de lo cual, ahora tenemos el pasaje en forma de manuscrito.[ix] La frase en griego es pollōn akouomen adelphōn.

Algunas observaciones: Primero, el verbo griego está claramente en tiempo presente, “escuchamos” y no “hemos escuchado.” Segundo, el verbo griego akouō usualmente toma el caso genitivo como su objeto directo, en síntesis, esto significa que él dice “escuchamos a hermanos” no “escuchamos de o acerca de los hermanos”; de hecho, esta es la única forma de tomar el objeto directo del latín también, con sus multos audivimus fratres. Tercero, él afirma que hay “muchos hermanos” (o mejor “muchos hermanos y hermanas”) a los que “nosotros” escuchamos. Cuarto, su intención es trazar una línea a partir de aquellos que ahora hablan en lenguas hasta los apóstoles que hablaron en lenguas en los tiempos de 1 de Corintios.[x] Quinto, Ireneo claramente vincula la frase pollōn akouomen adelphōn a la experiencia presente de “toda clase de idiomas,” es decir, muchos hermanos que ahora hablan en lenguas diferentes. Por lo tanto, el texto explícitamente afirma que Ireneo y otros escucharon de primera mano a muchos hermanos de la época que profetizaron, y escucharon a muchos hermanos de la época hablando en todo tipo de lenguas, es decir, él no puede estar hablando de casos aislados.

Es imperativo apuntar que Ireneo marca la diferencia entre lenguas y dones “proféticos”; como todos los demás lo registraron, él habría considerado la práctica montanista como una perversión de la profecía, y no de lenguas.

El testimonio de Ireneo es claro y contundente. Por su parte, Rogers resume (140) que “se debe concluir que Ireneo quiso decir que en algún tiempo atrás él y aquellos que le rodeaban habían escuchado cosas como aquellas escuchadas en los círculos montanistas.” De ninguna forma esto es lo que “se debe concluir,” ya que Ireneo dice que “escuchamos a muchos hermanos y hermanas” – verdaderos co-creyentes – hablar en lenguas; y él no se refería a la Nueva Profecía, pues ninguno en sus días identificaba a la profecía montanista, con su estilo pagano o “mántica,” con el don de lenguas. Ireneo, como la mayoría de los católicos y como Eusebio después de él, claramente rechazó el estilo montanista de la profecía cuando afirmó que cuando el Espíritu habla a través de una persona él toma una “figura y forma semejantes a las personas interesadas”:[xi] un profeta habla con su voz normal, no en un éxtasis. Además, Ireneo rechaza contundentemente la lectura montanista de 1 Cor 13:8-12, la cual supuestamente prometía la venida del Paráclito en el montanismo.[xii]

  1. Argumentos del hombre de paja

El “silencio [de Justino Mártir] de que el don no fue una parte integral o importante de la doctrina cristiana es significativo,” dice Rogers (137). Muy bien; pero yo por mi parte no creo que el don de lenguas era una parte tan importante en la doctrina cristiana que debía haber estado en cualquier lista de las enseñanzas patrísticas.

“En cuanto a la totalidad de las obras de Ireneo, se podría decir que ciertamente el principal impulso y énfasis de su teología no era el don de las lenguas” (140). Pero bueno, ¿quién se imagina cuál sería?

“…si el don [de lenguas] era de gran importancia, tanto el maestro [Policarpo] como su pupilo [Ireneo] debieron haberlo enfatizado. Pero no lo hicieron” (139). De hecho, como hemos visto, Ireneo sí menciona las lenguas, y en términos claros – pero ¿por qué debemos imaginar que, si existieron, los dones eran de gran importancia para él o para cualquiera, ya sea en el primer o en el segundo siglo? En cuanto a Policarpo, la única epístola que tenemos de él, Policarpo a los filipenses, es sobre lo extenso de la carta de Pablo a los filipenses; ¿por qué alguien esperaría que la breve carta de Policarpo mencionara el don de las lenguas cuando, por ejemplo, la carta de Pablo a los filipenses no lo hace, aunque el apóstol escribió en un tiempo cuando, como todos coinciden, el don se practicaba?

Uno podría también mencionar que de acuerdo con Rogers (143), “la evidencia… no indica que las lenguas tenían un lugar significativo en la iglesia del 100 al 400 d. C.” La descripción es imprecisa: cualquiera cosa podía tener un lugar, pero un lugar significativo es subjetivo. Si aceptamos la palabra de Ireneo, las lenguas se practicaban ampliamente en la iglesia no montanista, lo suficiente para que él y otros cristianos escucharan de primera mano a “muchos” hablar en lenguas, y que fueran testigos de “toda clase de idiomas.”

  1. Malinterpretaciones básicas de Tertuliano y Orígenes.

Como otros influenciados por el montanismo, Tertuliano creía que el Paráclito estaba dando una nueva revelación; entonces su punto de vista era diferente de Ireneo. Sin embargo, vale la pena de examinar como se trata Tertuliano. En su Contra Marción, Tertuliano habla sobre 1a de Corintios 12 y muestra cómo la herejía marcionista contrasta pobremente con la verdadera fe. Entre otros desafíos:

Que, entonces, Marción exhiba, como dones de su dios, a algunos profetas, que no han hablado con sentido humano, sino con el Espíritu de Dios, que han predicho que las cosas que han de venir, y han hecho manifiesto los secretos del corazón; que produzca un salmo, una visión, una oración – solo que sea por el Espíritu, en éxtasis, es decir, en un frenesí, siempre que se le haya ocurrido una interpretación de lenguas; que me muestre también que alguna mujer de lengua jactanciosa en su comunidad ha profetizado alguna vez de entre esas hermanas suyas, especialmente santas. Ahora todas esas señales (de dones espirituales) vienen de mi lado sin dificultad alguna…[xiii]

Rogers hace el siguiente comentario:

Cuando [Tertuliano] llega a los dones espirituales mencionados en 1 de Corintios 12-14, él reconoce que todos no son los mismos dones, sino que el Espíritu ha dado diferentes dones a diferentes hombres. Él solamente discute lo que Pablo dice acerca de los dones y no hace ninguna referencia al uso de los dones en su época. Él acude a Marción para duplicar estos dones como presentados por los apóstoles, pero no dice que él ha visto o conocido a alguien que practique el don [por ejemplo, el de lenguas] (140, énfasis añadido).

Esta declaración apenas es elaborada e implica que nadie de la época de Tertuliano practicaba ningún jarisma de revelación. Ya que Rogers da saltos hacia atrás y hacia delante entre el don de lenguas y otros dones de revelación, el lector casual no podrá ver una distinción importante. Las palabras en cursiva deberían ser enmarcadas de manera más adecuada, así: Tertuliano habla de lo que Pablo dice sobre todos los dones, no hace ninguna referencia al uso de las lenguas per se en su propia época, pero sí hace referencia a la manifestación contemporánea de la interpretación de lenguas y todos los demás jarismata, y en otros pasajes, el don de la profecía.

Sin embargo, el argumento de Tertuliano se habría derribado si no se refiriera a la actual experiencia de salmos, visiones, himnos, profecías, oraciones, interpretación de lenguas – y todo en un frenesí, del modo montanista que existió solo después de 160’s d. C. Él contrasta la falta de dones entre la “comunidad” marcionista y dice que ellos vienen “de mi lado,” es decir, entre creyentes de su momento, no de un siglo y medio anterior. Nadie que lea la colección de escritos de Tertuliano concluiría otra cosa que no sea que él creía que Dios estaba dando una nueva revelación profética en su tiempo. Aquí él también afirma que alguien da una interpretación de lenguas, podríamos decir que “donde fuego se hace, humo sale,” y una “interpretación de lenguas” carismática implica que debían haber existido lenguas carismáticas. Qué efecto tuvieron sus tendencias montanistas en su doctrina de las lenguas, no lo podemos decir ahora; lo que sabemos es que Tertuliano distinguía entre lenguas y profecía/Nueva Profecía. Puede ser significativo, aunque un argumento del silencio, que no dice que las lenguas fueron “eufóricas,” solo que su interpretación lo era.

Rogers no cita la declaración de Tertuliano:[xiv]

Porque los apóstoles tienen apropiadamente al Espíritu Santo, quienes lo tienen a Él completamente, en las operaciones de la profecía, y la eficacia de las virtudes (sanadoras), y la evidencia de las lenguas, y no parcialmente, como todos los demás.

Esto posiblemente podría ser tomado para parecer que la profecía, la sanación y las lenguas se practicaban solo por los apóstoles, aunque 1 de Corintios 12-14 indica que no era así. Sin embargo, él implica que los que no eran apóstoles sí tenían estos dones “parcialmente,” y sabemos que Tertuliano ciertamente creía que había profetas operando en la iglesia de su tiempo.

Rogers omite mencionar un pasaje muy similar en Ambrosio de Milán, Sobre el Espíritu Santo, de los 380s.[xv]

Pues fue dicho: “A uno es dado por medio del Espíritu el don de sanidad, a otro el hablar en varias lenguas, a otros profecía.” Por tanto, el Espíritu da [tiempo presente] los mismos dones como El Padre, y El Hijo también los dan.

Pasamos a Orígenes, quien en Contra Celso (c. 248 d. C.) hizo una declaración importante (similar a la enseñanza de Justino e Ireneo), de que los cristianos – no judíos o paganos – tenían el don de profecía:

Porque ni los que son ajenos a la fe han hecho jamás nada semejante a los profetas [hebreos], ni se cuenta que, después de la venida de Jesús, haya habido nuevos profetas entre los judíos. Y es así que, por confesión universal, el Espíritu Santo los ha abandonado, por haber cometido una impiedad contra Dios y contra el que fue profetizado por sus profetas.[xvi]

La impresión de Orígenes era que la incidencia de las lenguas estaba en declive en ese tiempo, aunque no es claro cómo calculó eso:

Signos, empero, del Espíritu Santo se dieron muchos al comenzar Jesús su enseñanza, muchos más después de su ascensión, menos más adelante. Sin embargo, aún ahora quedan algunos rastros de El en unos pocos, cuyas almas están purificadas por el Logos y por una vida conforme al mismo.[xvii]

Más allá de esto, Rogers simplemente saca de contexto la declaración de Orígenes de que “en sus [de Celso] tiempos no hubo profetas parecidos a los antiguos” (7.11, 470), es decir, c. 178 d. C. Dice Rogers: “¡Lo que Orígenes está diciendo es que los dones ya no están en operación! ¡Orígenes no dice que los dones de lenguas están floreciendo en su época, sino más bien que tales dones han disminuido!” (142). Estas son dos oraciones desconcertantes: las lenguas no existían, y además de esto, las lenguas estaban disminuyendo – una afirmación u otra puede ser cierta, pero no ambas. Él presenta la misma paradoja cuando dice (143) que los dones milagrosos se han “extinguido”; pero “aún si el don existiera” no estaban dispersas. Nuevamente, para citar la interpretación de Rogers, según Orígenes “estas cosas han disminuido y ya no están dispersas” (142). Uno simplemente no puede aceptar ambas: no existen y a la vez (como decimos nosotros) existen, aunque con menos frecuencia que antes. Pues antes la declaración en 7.11, Orígenes ya había observado (en 7.8, ver arriba) que los “rastros” de los dones aún estaban en evidencia en su propia época, y él asocia esa experiencia con el Pentecostés. Lo que Orígenes está diciendo es que no hay profetas en su tiempo de la misma naturaleza de los profetas del Antiguo Testamento, cuyas palabras fueron escritas en libros, estudiadas, y reverenciadas. De hecho, aparte de los montanistas, los cristianos del segundo y tercer siglo después de Cristo no escribieron sus profecías como libros inspirados – Orígenes está en lo correcto al decir que no hay profetas como Isaías, Ezequiel, o los doce profetas menores.

Una tensión adicional se muestra en su uso de Orígenes, quien desea favorablemente comparar al cristianismo con el paganismo y el judaísmo. Es por esta razón que hace referencia a lenguas, como Rogers también cree (142). Sin embargo, Rogers no encuentra eso significativo, aunque él había dicho de Justino que “él muestra la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo y que habría sido una excelente oportunidad señalar el don de lenguas como prueba de su tesis” (137). Justino no hizo eso, pero Orígenes sí lo hizo – así que ¿por qué es significativo el argumento por su omisión en Justino, pero no es significativo cuando sí es usado por Orígenes o Ireneo?

  1. Una mala interpretación de cómo los padres de la iglesia entendieron 1a de Corintios 13:8

Cuando Rogers dice que la evidencia muestra que “cesarán las lenguas” después de la era apocalíptica, omite una información clave: casi sin excepciones, cuando hablan de 1 Cor 13:8-12, los padres ortodoxos cristianos desde a mediados del siglo segundo en adelante dicen claramente que será completado en el escatón.[xviii] Estos incluyen a Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Arquelao, Metodio, Lactancio, Atanasio, Eusebio, Dídimo el Ciego, “Ambrosiaster,” Epifanio, Basilio el Grande, Gregorio de Nacianzo, Gregorio de Nisa, Crisóstomo y a otros padres.

Incluso antes de Ireneo, las fuerzas del montanismo se unieron a la batalla con sus opositores sobre el significado del texto. Ellos (y posiblemente otros grupos, tales como los marcionitas, los maniqueos, los gnósticos) creían que eran los poseedores de la revelación “perfecta” – en el caso de los montanistas, a través de la Nueva Profecía. La iglesia creyó que estos grupos tergiversaban el significado de Pablo.

Entre los fieles católicos reconocidos, incluido Juan Damasceno en el siglo 8vo y más allá, solo Juan Crisóstomo tuvo un punto de vista diferente del pasaje. Para estar seguros, él dijo: “Vean como ahora, al menos, no hay profecía o don de lenguas.”[xix] Él tomo la posición de que 13:8 se refería a que las lenguas y la profecía cesarían una vez la iglesia estuviera firmemente establecida. Aun así, él cree que 13:9-12 es escatológico.[xx] Roger tiene el mismo punto de vista de 13:8 como muchos dispensacionalistas; en la antigüedad esa perspectiva era representada por la voz solitaria de Crisóstomo. Rogers puede interpretar la predicción de Pablo como guste, pero tendría que haber mencionado que aparte del montanismo y otras sectas, su opinión era sostenida por una minoría en los primeros ocho siglos de la iglesia. Él también se equivoca al mencionar que Ambrosio, el contemporáneo de Crisóstomo, escribiendo en Italia, sugiere que una autoridad patrística podría afirmar la realidad actual de las lenguas y otro podría negarla.

  1. Su eliminación de todos los dones milagrosos, cuando él solo lidiaba con lenguas

Aunque las referencias sobre las lenguas son pocas en los padres de la iglesia, las referencias sobre profecía abundan. Ya sea en la Didajé, Ignacio, Pastor de Hermas, Bernabé y el Martirio de Policarpo, sin mencionar a Justino Mártir, Ireneo, Orígenes, Eusebio y a los anti-montanistas entre otros, todos se refieren a la continua experiencia de la profecía carismática; Rogers no parece preocupado por eso, ya que concluye que todos los dones milagrosos se “han extinguido” (143).

Conclusión

La información hasta alrededor del 250 d. C. indica que algunos cristianos afirmaban que ellos mismos poseían o habían visto a personas usar el don de lenguas; hay pocos datos para mostrar cuán extendido se mantuvo. Incluso, Ireneo, que viajó mucho (Galia, Italia, Asia) y sus contemporáneos (“nosotros”) habían sido testigos del fenómeno tal como era practicado por “muchos” y en “toda clase de idiomas,” como se evidencia en 180 d. C. Tertuliano afirma que la “interpretación de lenguas” estuvo presente en su grupo; fue probablemente una versión eufórica montanista del don de 1 de Corintios. En el mismo siglo, los católicos profetizaron, y los montanistas “profetizaron” usando un lenguaje conocido, pero con euforia. Ni los católicos ni los montanistas son reconocidos por conectar la profecía montanista con las lenguas. Finalmente, Orígenes señala que las señales de la presencia del Espíritu vinieron después de la ascensión de Jesús; estas señales – incluyendo la profecía y las lenguas – habían disminuido a mediados de los años 200, pero no se extinguieron: “aún ahora quedan algunos rastros de Él.” El intervalo entre Ireneo y Orígenes es de aproximadamente 70 años, y sus impresiones subjetivas de que antes “muchos” tenían el don y luego los dones habían disminuido son difícil de medir científicamente. Lo que es claro es que al finalizar el siglo 4to, Crisóstomo, quien recorría entre dos grandes iglesias, no tuvo experiencia de primera mano con las lenguas (aunque quizás Ambrosio, sí), y su enfoque es la opinión mayoritaria a partir de entonces.

Ver también:

La profecía cristiana y el canon en el siglo segundo: Una respuesta a B. B. Warfield

NOTAS:

[i] Cleon L. Rogers, Jr., “The Gift of Tongues in the Post Apostolic Church (A.D. 100-400),” BSac 122 (April, 1965): 134-43. John F. MacArthur, hijo, Los carismáticos: una perspectiva doctrinal (El Paso, TX: Casa Bautista, 1994), 233, cita a Rogers para “probar” que “ni tampoco menciona nadie [las lenguas] en la época postapostólica” aunque Rogers no llega tan lejos; y, sin prueba, MacArthur concluye que “la historia registra que las lenguas sí cesaron” en esa época (232).

[ii] Él cita a A. T. Robertson, “Tongues, Gift of,” Hastings Bible Dictionary, 4:796.

[iii] Cita de Hans Lietzmann, The Founding of the Church Universal (New York: Charles Scribner’s Sons, 1950), 194. Supongo que Lietzmann basó su opinión en Eusebio, quien dijo que Montano “comenzó a desvariar, a parlotear y a decir cosas sin sentido, profetizando.” De hecho, Eusebio no dijo que Montano primero comenzó a hablar en lenguas y luego cambió a la profecía: la experiencia fue singular, que su forma de profetizar era balbucear en palabras conocidas, pero dando un mensaje que no tenía sentido. Por lo tanto, parece que Rogers cita erróneamente a Lietzmann, quien a su vez entendió mal a Eusebio; entonces Rogers toma a Eusebio como su supuesta fuente.

[iv] Un observador anónimo del segundo siglo, de Eusebio, Historia 5.16.7-8, versión Paul L. Maier (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 1999), 189.

[v] Eusebio, Historia 5.17.3, 191.

[vi] Ver Eusebio, Historia 5.16.4, 188.

[vii] Este es también el punto de vista tomado en el estudio magistral de Christopher Forbes, Prophecy and Inspired Speech in Early Christianity and its Hellenistic Environment, WUNT 2.75 (Tübingen: Mohr, 1995), 161-62 – “…no hay evidencia clara de que la profecía montanista se pareciera a la glosolalia, y una buena cantidad de evidencia de que no lo era. Más bien, se parecía a entusiasmo délfico en que el discurso inspirado que resultó de él era inteligible, y entusiasmo ‘dionisíaco’ en su naturaleza (en el sentido moderno) extática o frenética; parece estar a medio camino entre los dos.”

[viii] De Lo mejor de Ireneo, ed. A. Ropero (Barcelona: CLIE, 2003), 566. Ireneo claramente se está refiriendo a Pablo en cuanto al hablar en lenguas, como en 1 Cor 14:18. La versión en inglés de Ireneo en ANF 1 pone en mayúsculas “Él,” lo que uno supone que habría sido una referencia (equivocada) al Espíritu.

[ix] Ver Irénée de Lyon, Contre les hérésies 5.2, SC 153 (Paris: Cerf, 1965), provee el texto griego como: “Καθὼς καὶ πολλῶν ἀκούομεν ἀδελφῶν ἐν τῇ ἐκκλησίᾳ προφητικὰ χαρίσματα ἐχόντων καὶ παντοδαπαῖς λαούν των διὰ τοῦ Πνεῦματος γλώσσαις…”

[x] Ver in loc. Gary Steven Shogren, “La profecía cristiana y el canon en el siglo segundo: Una respuesta a B. B. Warfield.”

[xi] Ireneo, Demostración de la enseñanza apostólica 49, de Lo mejor de Ireneo, 689.

[xii] Ireneo, Contra las herejías 4.9.2 (425) vincula “lo perfecto” con la Segunda Venida: “También Pablo dice: ‘No quiero decir con esto que haya sido justificado ya, o que haya alcanzado ya la perfección’ (Flp 3:12); porque ‘parcialmente conocemos y parcialmente profetizamos, mas cuando viniere lo perfecto, lo parcial se desvanecerá’ (1a Co. 13:9, 10).” También 2.28.7, 9; 5.7.2.

[xiii] Contra Marción 5.8, nuestra traducción de ANF 3:446-47.

[xiv] De La exhortación a la castidad, nuestra traducción de ANF 4:53.

[xv] Nuestra traducción de NPNF2 10:134.

[xvi] Orígenes, Contra Celso 7.8, BAC (Madrid: Editorial Católica, 1967), 467.

[xvii] Orígenes, Contra Celso 7.8, 467.

[xviii] Ver Gary Steven Shogren, “1 Cor. 13:8-12 en la Exégesis Patrística: ¿Cómo vendría el ‘perfecto’?”, en inglés.

[xix] Crisóstomo, Acerca de la incomprensible naturaleza de Dios 1.9 (On the Incomprehensible Nature of God, FC, 72.54), nuestra propia traducción. Ver también la opinión Teodoreto de Ciro en su comentario de 1 Corintios, en el siglo 5 – “Antaño a quienes oían la predicación divina y recibían el bautismo de salvación, se les otorgaba de forma manifiesta el poder de la gracia del Espíritu. Había quienes hablaban en diferentes lenguas que ellos por naturaleza no conocían y ni siquiera otros les habían enseñado; unos hacían milagros y curaban enfermedades y otros gozaban de don profético…De estos privilegios, además de otros, disfrutaron los corintios como creyentes de la tierra, pero no se sirvieron para lo debido de los dones otorgados. En efecto, manifestaban el poder de la gracia más por amor a la gloria que por servicio a los demás.” Citado en Gerald Bray y Marcelo Merino Rodríguez, eds., 1-2 Corintios, La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia: 7 (Madrid: Ciudad Nueva, 1999), 176.

[xx] Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios (In epistulam i ad Corinthios 34.2-3), NPNF1 12:201-02), nuestra propia traducción.

8 comentarios

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  1. […] Originalmente publicado en el Journal of the Evangelical Society y ahora en Strangers to Fire: When Tradition Trumps Scripture. Se puede descargarlo Shogren_La profecia cristiana y el canon en el siglo II; en inglés Prophecy in the 2d cent church. Para entender el rol de la iglesia catolica con respecto al tema, es bueno leer de antemano “La Influencia de Roma y la Doctrina Evangélica.” Como veremos abajo, la iglesia “católica”, es decir ortodoxa, defendió la inspiración del Antiguo Testamento o Tanaj. También sugiero mi artículo “El Don de Lenguas en la Iglesia del Siglo Segundo: una respuesta a Cleon Rogers.” […]

  2. excelente

    Andrés

    21/07/2020 at 9:54 pm

  3. Yo creo, y soy de ese pequeño grupo que las disfruta. El bautismo en el Espíritu Santo, en la señal de las lenguas, es una evidencia bíblica y vigente. Tenemos como en todas las manifestaciones a los impostores.

  4. La biblia y el Espiritu Santo son.el.mejor interprete de las escrituras, los hombres debieramos ser enseñados por el Espiritu Santo. Me asaltan dudas sobre su comentario, ¿dónde dice la biblia que los dones cesaron, donde dice que solo fueron para el tiempo de los apostoles? No debemos decir lo que la biblia no dice, usted me.muestra un solo texto que diga que los dones han cesado y me basta, yo.le.mostrare entonces algunos textos que dicen hasta cuando van a existir los dones espirituales.

    Carlos

    23/07/2020 at 10:15 pm

    • Hola, Carlos, y gracias. Sin embargo, parece que no leyó mi artículo. Es largo, pero tiene que leerlo primero, y luego expresar sus dudas. ¡No puedo defenderme por algo que nunca dije! Gracias, Gary

      Gary Shogren

      23/07/2020 at 11:13 pm

  5. el problema de los corintos era que ello creian que elunico don espiritual era el de hablar en otros idiomas y pablo les dice q no es un solo don sino que existen otros tales com o interpretaciones de idiomas sanidades de milagros entre otros y que si ellos de verdad eran espirituales debian entender esto y que el hablar en otros idioma no era ninguna señal para la iglesia sino para el mundo 1 corintio 14. 20 y 21

    Jesus Romero

    30/07/2020 at 7:29 am

    • Hola Jesus, gracias por compartir. Vea que edite su comentario (esta vez), así que no permitimos comentarios TODO EN MAYUSCULAS aqui.

      Sinceramente, no sé cómo se puede interpretar 1 Corintios en el sentido de que ellos creían solamente en un don espiritual.

      Gracias! Gary

      Gary Shogren

      30/07/2020 at 1:25 pm

  6. El don de lenguas entre creyentes es el conocimiento de idiomas estrangeros para la edificación de la iglesia no los balbuceos ininteligibles que profieren algunas personas que aparentan una cierta espiritualidad cristiana.
    Santiago afirma claramente que se debe poner dominio sobre la lengua.

    Flematico reformandose

    10/08/2020 at 4:28 am


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