Razon de la esperanza

La verdad de Dios para el pueblo de Dios

Archive for the ‘Don de sanidades’ Category

El Don de Lenguas en la Iglesia del Siglo Segundo: una respuesta a Cleon Rogers

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Este ensayo fue incluido en Robert W. Graves, ed., Strangers to Fire: When Tradition Trumps Scripture, 2016, con algunas actualizaciones. También será parte de mi libro, Cuando Venga el Consolador: Ensayos sobre el don del Espíritu y su poder en la iglesia, pendiente de Publicaciones Kerigma.

En 1965, Cleon Rogers publicó un breve estudio acerca del don de lenguas en los siglos posteriores a los apóstoles.[i] Es algo tardío refutar un artículo de hace medio siglo, pero ya que la gente continúa citándolo como autoridad, vale la pena señalar algunos de sus defectos lógicos e históricos.

Rogers examina a los Padres Apostólicos, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Crisóstomo; y resume así su argumento (Rogers, 143):

Después de examinar el testimonio de los primeros lideres cristianos, cuyo ministerio representa prácticamente cada área del imperio romano desde aproximadamente 100 a 400 d. C., surge la idea de que los dones milagrosos del primer siglo expiraron y no se necesitaron más para establecer el cristianismo. Además, es muy evidente que incluso si el don existiera, a pesar de todo testimonio que lo contradiga, no era una experiencia cristiana ni normal, ni esparcida. La única referencia clara de algo similar a dicho fenómeno está conectada con el hereje Montano y con aquellos influenciados por su punto de vista erróneo sobre el Espíritu. Toda la evidencia apunta a la verdad de la profecía de Pablo cuando dice: “cesarán las lenguas” (I Cor. 13:8).

Incluso para el lector que desea estar positivamente dispuesto, Rogers hace amplias afirmaciones a partir de escasa evidencia. Él también comete una serie de falacias lógicas y errores factuales, que examinaremos ahora.

  1. Argumento desde el silencio

Rogers precipitadamente reconoce que debe fiarse en el Argumentum ex silentio, pero propone que, en este caso, el silencio – o como debió decir, un pequeño testimonio Lee el resto de esta entrada »

El sobrino de Benny Hinn ahora rechaza su mensaje

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Este es uno de los artículos más importantes que he visto en un rato. Habla del sistema mágica, el Evangelio de Prosperidad, el cáncer que está chupando la vida de la iglesia latinoamericana.

Entonces, sencillamente dejo un LINK AQUI.

¡Disfrutenlo! Gary

Costi Hinn, sobrino y ex-seguidor de Benny Hinn

Los ‘Ultracarismáticos’ de Corinto y los Pentecostales de América Latina como la Religión de los Marginados

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Estimados, este artículo es más técnico que mi típico. Originalmente publicado como “The ‘Ultracharismatics’ of Corinth and the Pentecostals of Latin America as the religion of the disaffected,” Tyndale Bulletin 56.2 (2005): 91-110. Se puede leer aquí Se puede descargar esta versión aquí. Los ultracarismaticos-en-corinto-y-en-america-latina-espanol

 

Resumen

Este documento surge de la investigación sobre 1 Corintios desde un medio ambiente latinoamericano. Muestra el valor de estudiar la palabra de Dios desde perspectivas del mundo diferentes al Primer Mundo, particularmente con respecto a los temas de estatus social y los jarismata en la iglesia del primer siglo. La opinión de la mayoría es que 1 Corintios fue escrita para corregir un ‘entusiasmo neumático,’ con diversos componentes tales como la negación de la resurrección, igualitarismo y triunfalismo. De ello se deduce que la enseñanza acerca de los jarismata en los capítulos 12–14 es dirigida contra esa misma perspectiva. Nosotros argumentaremos que la mayor parte de la carta está dirigida a cristianos quienes incursionaron en la filosofía como una señal de su ascenso social. Pero luego, usando apreciaciones sociológicas del Corinto romano y de la iglesia contemporánea latinoamericana, nosotros propondremos que los capítulos 12–14 hablan a los marginados de la iglesia. Ellos se habían vuelto a los carismata más llamativos como un medio de crear una identidad para sí mismos en una iglesia donde los elitistas recibían toda la atención. Así mientras que la gran parte de la carta es una fuerte reprimenda a los arrogantes elitistas, los capítulos 12–14 están dirigidos a los marginados ultracarismáticos, mostrándoles que todos los dones de Dios deben ser usados en el servicio amoroso del cuerpo.

 

1. Introducción: 1 Corintios 12-14 en el ámbito de la carta

En 12:1 Pablo responde a una pregunta escrita con respecto a los dones del Espíritu.[1] El asunto principal era que algunos estaban ignorando la costumbre apostólica, la cual el apóstol reafirma en el capítulo 14. Ante la falta de una mejor etiqueta, nos referiremos a ellos como ‘ultracarismáticos.’ Dada la respuesta de Pablo, nosotros argumentaremos más adelante que las lenguas estaban causando que algunos – ya sea que fuera su intención o no – se retiraran de la dinámica de grupo de la asamblea hacia el interior. Lo que es más obvio del texto es que el ruido e ininteligibilidad tendía a abrumar a los que querían unir al grupo mediante la enseñanza, canto, o revelación profética (14:26). John Hurd no da completamente en el blanco, en cuanto a, que los capítulos 12-14 son ‘un largo ataque sobre la noción que hablar en lenguas era la única o mejor manifestación del Espíritu trabajando en la iglesia.’[2] Esto puede haber sido un asunto específico en la carta de Corinto, pero la crítica mayor de Pablo tiene que ver con usar cualquier carisma sin el debido cuidado a la necesidad de la iglesia de la edificación corporativa.

Mucha confusión se ha causado en esta coyuntura por la introducción de la palabra ‘extático,’ un término de definición resbalosa. Nada en el capítulo 14 necesariamente demanda la experiencia de consciencia más elevada. Ni vemos evidencia que los corintios estuvieran tomando su estímulo de la conducta frenética de la profecía pagana.[3]

La glosolalia en Corinto databa más bien desde la fundación de la iglesia, siendo Pablo mismo un enérgico practicante de ese carisma (14:18). Pero ¿cuál era la fuente de esta nueva onda ultracarismática que surgió en los siguientes tres o más años desde su primera obra en esa ciudad, y cómo se relacionaba con las otras fallas corintias? Y ¿cómo calzan los capítulos 12-14 con el resto de la carta de Pablo?

1.1 ¿Era uno de los partidos de 1 Corintios 1:12 ultracarismático?

Sería genial hipotetizar una única causa para todos los problemas corintios si esto se considerara viable. En ese caso, los ultracarismáticos serían una manifestación de una aberración de raíz teológica. Lee el resto de esta entrada »

Curso Presencial: 1a de Corintios

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Voy a ofrecer 1a de Corintios en ESEPA, San José, Costa Rica, los miércoles 8am-11:15am, empezando el 18 de enero.

El curso basado en mi propia investigación del texto que resultó en un comentario para ser publicado por CLIE.

Es un curso exegético, también práctico y experimental. Busque “corintios” en este blog para tener una idea del nivel.

Contáctenos: registro@esepa.org, 506-2227-1958 por los detalles.

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La profecía cristiana y el canon en el siglo segundo: Una respuesta a B. B. Warfield

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Originalmente publicado en el Journal of the Evangelical Society y ahora en Strangers to Fire: When Tradition Trumps Scripture. Se puede descargarlo Shogren_La profecia cristiana y el canon en el siglo II; en inglés Prophecy in the 2d cent church. Para entender el rol de la iglesia catolica con respecto al tema, es bueno leer de antemano “La Influencia de Roma y la Doctrina Evangélica.” Como veremos abajo, la iglesia “católica”, es decir ortodoxa, defendió la inspiración del Antiguo Testamento o Tanaj. También sugiero mi artículo “El Don de Lenguas en la Iglesia del Siglo Segundo: una respuesta a Cleon Rogers.”

Warfield, Counterfeit Miracles, 1918

Warfield, Milagros Falsificados1918

B.B Warfield publicó su investigación Counterfeit Miracles (Milagros Falsificados) bajo presión, por un lado, por las afirmaciones católicas sobre los milagros eclesiásticos y, por otro lado, por el frío racionalismo característico de la época. Él deseaba hacer valer la supremacía de las Escrituras sobre las falsas afirmaciones de los milagros y por medio de eso robarles a los modernistas sus municiones contra la realidad sobrenatural. En ese contexto, Warfield trató la profecía y cómo un cristiano reformado debería considerar ese don como algo del pasado (es decir, extinto).

Warfield propuso una conexión entre la terminación del canon cristiano y el eclipse del carisma profético al término del siglo primero. Él dependía de dos pruebas subyacentes:

  • La teológica: Warfield empleó un argumento a priori de que la continuación de la profecía es inconsistente con la revelación concluida del Nuevo Testamento. Dios ha hablado por medio de los apóstoles y no ha proporcionado ninguna nueva palabra para la iglesia:

Porque Cristo es todo en todos, y toda su revelación y redención de igual forma se resumen en Él, sería inconcebible ya sea que la revelación o las señales que la acompañan continuaran después de que se completara esa gran revelación con las obras que se le atribuyen…” [1]

  • La histórica: Warfield mantenía que a la profecía contemporánea le hace falta el testimonio de la iglesia posapostólica.

Fundamentarse en el cierre del canon era su punto central, Warfield ofreció una fecha más temprana y más definida que la de otros “cesacionalistas”. Lee el resto de esta entrada »

Reseña de MacArthur, Fuego Extraño, por Craig Keener

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Reseña de Fuego Extraño: El peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, de John MacArthur. Reseña por Craig Keener. Entre muchos libros, el Dr. Keener es el autor del Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento. Originalmente publicado en inglés en la revista Pneuma, 15 de noviembre 2013, http://pneumareview.com/john-macarthurs-strange-fire-reviewed-by-craig-s-keener/

[Nota: En América Latina usamos el término “carismático” para denominar a los católicos quienes tienen una orientación pentecostal. Keener y MacArthur lo usan con su sentido en inglés, de gente de cualquier denominación con una orientación pentecostal.]

41iT4QPLCBLMientras que ofrece algunos puntos muy necesarios, Fuego Extraño de John MacArthur desafortunadamente extrapola de esos puntos a un “movimiento” completo. Como señalo más adelante, también creo que MacArthur suprime algo de la verdad bíblica sobre la base de una doctrina posbíblica, el mismo delito del que acusa a otros.

Sin embargo, hay mucho que se puede aprender de sus críticas; él ha traído de nuevo a nuestra atención algunos errores serios contra los cuales deben estar en guardia las iglesias carismáticas. Yo empiezo con algunos puntos de coincidencia en el libro y luego paso a puntos donde creo que MacArthur ha sobrepasado claramente los límites de la razón y civismo cristianos; ahí mi tono no puede ser tan conciliatorio.

Introducción

En el lado positivo, abordado primero en esta reseña, Fuego Extraño critica enérgicamente algunos puntos que han requerido censura muy pública. En este sentido, incluye algunos elementos que podríamos incluso llamar proféticos (aunque MacArthur mismo aborrecería la etiqueta). De hecho, aquellos que han abusado groseramente de la etiqueta carismática nos han intimidado a veces a nosotros los carismáticos acerca de la etiqueta, aunque afirmamos y practicamos los dones espirituales, algo que la Escritura enseña. Lee el resto de esta entrada »

Estudios sobre 1a Corintios

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“Dietrich Bonhoeffer: la gracia barata,” por Alexander Cabezas Mora

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El 9 de abril de 1945, se recuerda la muerte de Dietrich Bonhoeffer, quien en vida fue pastor y teólogo de la iglesia luterana de Alemania.

Dietrich Bonhoeffer

Este erudito, quien se ordenó y se doctoró a sus 21 años, escritor de varios libros; se le conoce por su coraje y compromiso cristiano.  Cuando la Iglesia Católica guardó silencio y las iglesias cristianas protestantes se mantuvieron al margen promoviendo la “neutralidad” ante el régimen tirano y déspota que pretendía levantar Hitler, Bonhoeffer consecuente con su discurso, levantó su voz.

Tuvo la oportunidad de quedarse en los Estados Unidos en medios los albores que pronosticaban una Guerra Mundial. No obstante, prefirió regresar a su amada tierra a cuidar del rebaño que Dios le había entregado. Estuvo a cargo de un seminario que fue clausurado por la Gestapo. Se le prohibió hablar y enseñar, pero obediente a su llamado continuó sus labores de manera clandestina.

Pasó sus dos últimos años de vida en una cárcel en Berlín, acusado por participar en un complot para ajusticiar a Hitler. Esperando su sentencia final, se dedicó a producir varios de sus libros que hoy  conocemos.

Entre sus libros sobresale: “El Costo del Discipulado”. La tesis de esta obra es una exposición a la luz del Sermón del Monte en Mateo capítulo cinco. Su argumento, evidenciar lo que significa profesar una fe abstracta, legalista y desencarnada del verdadero compromiso y la transformación que exige Jesús como el corazón del Reino de Dios para sus seguidores.

Una fe que no toca el alma ni la consciencia, un cristianismo sin Cristo y sin cruz, es una fe estéril, inútil y hueca porque al final no es sostenible. A esto Bonhoeffer llamó: “la gracia barata, enemigo mortal de la iglesia”.

“La gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión, la absolución sin la confesión personal. La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado” (pág.16).

A 73 años de que este pastor escribiera estas palabras, en un contexto de tribulación por defender su posición, es triste reconocer que en la actualidad algunos sectores caminan por este mismo sendero que pretende abaratar la fe.

Se vuelve barata cuando se ofrece como producto de consumo para satisfacer a las masas que buscan un mensaje acomodado a la realidad de sus deseos personales.

Cuando se ofrece como espectáculo para un público que desea que se le endulce los oídos y se le prometa estabilidad para su “Statu Quo” y cuando  se promueve la identidad de ser hijo o hija de Dios como una garantía para reclamar las promesas materiales a cambio de una módica suma o transacción monetaria que algunos llaman: “La ley de la siembra y la cosecha”, o el “pacto con Dios.”

 Hace poco tiempo observaba a un tele-evangelista latinoamericano. Este enseñaba, (si es que se puede llamar enseñanza), que debíamos reclamarle a Dios por cualquier necesidad material existente y pedirle  por el carro de nuestros sueños como un derecho adquirido por ser sus hijos.

En sus 30 minutos de exposición en ningún momento hizo mención a otros elementos presentes en el mensaje apostólico, tal como la justicia, la responsabilidad, la obediencia, el arrepentimiento y el seguimiento como parte integral del discipulado que Jesús vivió y encarnó.

Estos promotores de estas corrientes corren el peligro de estar enseñando falsas enseñanzas y por ende, reducir el mensaje a migas espirituales. Razón tenía Bonhoeffer al afirmar que la “gracia barata es el enemigo mortal de la iglesia”.

La pasada conferencia mundial Lausana III celebrada en la Cuidad del Cabo en Sudáfrica, se pronunció en contra de la mala interpretación bíblica y hasta la manipulación que se ha hecho para alimentar el materialismo. Uno de los expositores mencionó en su discurso titulado: “Dios promete bendecir a su pueblo”, puntualizó que el evangelio de la prosperidad distorsiona la bendición en el sentido que sólo lo ubica como bendición material.

Otros comentarios en Lausana III fueron: “No podemos utilizar la opción de comprar la gracia de Dios y esto es lo que hace el evangelio de la prosperidad…”  “Dar es parte de nuestra adoración, pero el evangelio de la prosperidad hace que el dar sea una actividad transaccional”, comentó otro expositor africano y puntualizó: “A los creyentes se les enseña que cuando hacen una ofrenda a Dios pueden esperar una rentabilidad determinada. Pero Dios bendice de acuerdo con su sabiduría y no necesariamente con la riqueza material.”

Como creyentes no podemos permanecer callados ante estas falsas enseñanzas que continúan

Invitado Alex Cabezas

permeando a la iglesia, encarecen la fe, pero lo más preocupante es que continúan arrastrando a miles de seguidores a beber de estas aguas turbias e ilusorias. Bonhoeffer no calló porque reconoció que su deber como discípulo del Señor era pronunciarse.   ¿Acaso Dios espera algo menos de cada uno de nosotros hoy en día?

Nuestro autor invitado es Alexander Cabezas Mora, Miembro del equipo coordinador de la FTL, Núcleo Costa Rica; Coordinador del Programa de Certificado en Niñez Integral de ESEPA

¿Nos sanará Dios? Una re-evaluación de Santiago 5:14-16a

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Santiago 5:1-16ª (traducción del autor): “¿Hay alguno entre ustedes que esté enfermo? Llamen a los presbíteros de la iglesia y que oren por ellos después de ungirlos en el nombre del Señor con aceite de oliva. Y la oración ofrecida en fe salvará al enfermo, y el Señor los levantará; y si ellos hubiesen cometido pecados, éstos les serán perdonados. Por lo tanto, confiesen (sus) pecados unos a otros y oren para que puedan ser sanados.”

Santiago 5:14-16ª (traducción del autor): “¿Hay alguno entre ustedes que esté enfermo? Llamen a los presbíteros de la iglesia y que oren por ellos después de ungirlos en el nombre del Señor con aceite de oliva. Y la oración ofrecida en fe salvará al enfermo, y el Señor los levantará; y si ellos hubiesen cometido pecados, éstos les serán perdonados. Por lo tanto, confiesen (sus) pecados unos a otros y oren para que puedan ser sanados.”

Santiago 5:14-16 es interesante por varias razones: (1) porque parece dar una promesa sin restricciones de una oración que será contestada, como en Jn 14:13-14; (2) porque se refiere a la sanidad física; (3) porque la Iglesia Católica fundamenta dos de sus sacramentos en esto; (4) porque la unción con aceite parece exótica para muchos cristianos protestantes. La necesidad de un estudio cuidadoso de Santiago 5 es aún más válido en una época en la que la tecnología médica ha tenido connotaciones religiosas propias, la religión y la ciencia están divididas cuidadosamente en categorías cartesianas, siendo la sanidad reclamada por la categoría de la ciencia. El asunto se ha intensificado aún más con la propagación en los últimos días del tratamiento holístico, la sanidad interior, y el evangelio de la prosperidad con sus movimientos de rechazo a la tecnología médica disminuyen la distinción entre sanidad sobrenatural y ley natural.[i]

Lo extraño de las instrucciones de Santiago pueden dar un sesgo o prejuicio emocional que nos fuerce a concluir que “Santiago no puede querer decir eso,” con la resultante violación de nuestros sanos principios de interpretación. Esto es una defensa, por lo tanto, no para la renovación del carisma de sanidad, sino para un acercamiento a Sant 5:14-16 que ve el pasaje como un campo de batalla para una hermenéutica sana.

En 5:14 tenemos un tercer consejo que Santiago ofrece a las personas para diferentes situaciones en la iglesia (en jumin, “entre ustedes”; se utiliza cinco veces más en Santiago 3-5 para hablar de la “congregación”). La pregunta de Santiago y sus instrucciones para los enfermos continúan el pensamiento de 5:16a. Él usa una palabra común para enfermedad (astheneō, “estar débil, enfermo”) que aquí denota dolencia física, no padecimiento espiritual (cf. v. 13a); su significado es confirmado por el participio kamnō (“el que esté enfermo, doliente”) en v. 15.[ii]

Su mandato es que “convoquen” a los ancianos de la iglesia. El hecho de que sea el cuerpo de presbíteros los que son llamados[iii] es llamativo; Santiago está descartando al sanador carismático a favor de los oficiales de la iglesia.[iv] Él hace que el paciente llame a sus propios presbíteros, personas que estarán mejor equipadas para indagar acerca de pecados escondidos (v. 15b).[v]

Los ancianos son llamados para ungir al sujeto con “aceite de oliva” (elaion); el aoristo participio “habiendo ungido,” probablemente denota una acción que antecede a la oración. Luego deben invocar el nombre del Señor. El nombre del Señor Jesús se sobreentiende muy bien aquí (ver Mc 16.17 [terminación más larga]; Hch 3:6, 16; 16:18);[vi] la invocación de su nombre marca el uso del aceite como un acto religioso cristiano, “una apertura al poder de Dios para que él intervenga.”[vii]

Examinemos cuatro posibles interpretaciones de la función de la unción con aceite:

1. el aceite era solo de uso medicinal; 2. el aceite era sacramental; 3. el aceite era un refuerzo psicológico; 4. el aceite era un símbolo del favor divino.

1. El aceite era solo de uso medicinal. El aceite de oliva era usado ampliamente tanto para propósitos higiénicos como medicinales. Popularmente era como una especie de loción con la que se frotaba el cuerpo después de bañarse o entre un baño y otro (cf. 2 Sm 12:20). También era usado en el tratamiento de heridas en la piel, aflicciones de la piel, dolor ciático, y en el tratamiento de dolores de cabeza severos. En estos casos el aceite se aplicaba en la parte del cuerpo donde haría bien. En el mundo romano, algunos sanadores ungían para echar fuera el espíritu que se pensaba estaba causando la enfermedad.[viii]Los judíos también parecen haber usado el aceite y hierbas como parte de un exorcismo; en el precristiano Jubileos 10:13 (versión Díez Macho, 2:108) – “con todas las clases de medicina, y los malos espíritus quedaron sin acceso a los hijos de Noé.”[ix]

Estos datos se tornan problemáticos cuando algunos infieren que en el siglo primero el aceite de oliva se utilizaba para curar de todo o como panacea.[x] Supuestamente, Santiago está promoviendo lo mejor de los dos mundos: una buena medicina junto con la oración. Por tanto, el argumento es el siguiente: un cristiano moderno debe buscar la mejor atención médica (¡ciertamente no aceite de oliva!) mientras que ora por sanidad.[xi] Esta interpretación coincide bien con nuestro aprecio occidental a la profesión médica. De la misma forma, Eclesiástico (Sirac) guía a sus oyentes a confesar sus pecados, orar por sanidad y también llamar al doctor (Eclo 38:1-15) – “Respeta al médico por sus servicios, pues también a él lo instituyó Dios. El médico recibe de Dios su ciencia,” etc. (38:1-2a DHH). Además, Sirac avisa que antes de llamar al médico, “Hijo mío, cuando estés enfermo no seas impaciente; pídele a Dios, y él te dará la salud. Huye del mal y de la injusticia, y purifica tu corazón de todo pecado. Ofrece a Dios sacrificios agradables y ofrendas generosas de acuerdo con tus recursos.” (Sirac 38:9-11).

El acercamiento a la “mejor medicina” de Santiago 5 tiene varias fallas importantes. Primero, el aceite no era visto como la panacea en el siglo primero; no debemos suponer que la profesión médica en ese tiempo fuera tan primitiva. Aunque el aceite era útil en algunos casos (como darles atención médica a las heridas en el camino, Lc 10.34, pero ¡combinado con vino como desinfectante!), hubiera sido totalmente inútil para los huesos rotos, problemas del corazón, o enfermedades infecciosas como la lepra.

¿Por qué entonces Santiago invitaba al cargo de curanderismo poniendo a los ancianos de la iglesia a recetar la medicina que les pareciera mejor? Esto es especialmente pertinente en una sociedad donde era recomendada una variedad de curas más adecuadas. La unción no era la mejor medicina, y en la mayoría de los casos estaba lejos de ser buena medicina. La malinterpretación moderna de la unción surge cuando uno se fija en las antiguas referencias en el Kommentar por Strack y Billerbeck[xii] o en las referencias a aleiphō en el artículo del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento por Schlier,[xiii] quien depende casi por completo de Strack-Billerbeck como referencia. Algunos autores refieren al lector a Celso del primer siglo, quien en sus Libros I-IV, De medicina, da alguna atención a la unción con aceite.

Wilkinson, entonces, cita a Celso, De medicina II.14.4: “es deseable que aún en enfermedades agudas y recientes todo el cuerpo sea ungido con aceite” para probar que la unción era una panacea. Pero no sólo Wilkinson no presta atención a que Celso usó todo tipo de aceites naturales (no necesariamente aceite de oliva); él cita sólo la parte positiva de la opinión; Celso continúa diciendo “…pero sólo durante remisiones y antes de la comida. Pero frotar prolongadamente no es recomendado en enfermedades agudas y que vayan en aumento – nunca debería aplicarse cuando una fiebre está aumentando.”[xiv] Él recomienda la unción para los dolores de cabeza o para el dolor en un miembro del cuerpo, pero no cuando el dolor está en su punto máximo. Nadie que lea los remedios complicados de Celso podría afirmar que él pensaba que el aceite (más aún el aceite de oliva) lo curaba todo. El acercamiento del médico escritor Claudio Galeno en su Sobre las Facultades Naturales es similar.

Filón (Sobre José 33) observa que “el médico no recurre a un único tratamiento ni para todos los enfermos ni para uno solo si la enfermedad cambia de curso; antes bien, observando con atención relajamientos, tensiones, saturaciones, evacuaciones y cambios de síntomas, varía los procedimientos curativos, aplicando una vez uno, otra vez otro.” (versión Triviño, 3:258-59).

El acercamiento judío a la medicina era relativamente complejo, basado en parte en remedios de hierbas. Al mismo tiempo, sus textos muestran que había una ambivalencia hacia el uso de las hierbas, sugiriendo que el bien que proveen podría tornarse como una tentación hacia la brujería. Algunos ejemplos precristianos incluyen:

  • 1 Henoc 7:1 (versión Díez Macho, 4:43-44) – en sus comentarios de Gn 6, las hijas de los hombres atraparon a “los hijos de Dios” y les enseñaron a ellos “ensalmos y conjuros y adiestrándolas en recoger raíces y plantas.”
  • Eclesiástico 38:4, 7-8 (DHH) – “Dios hace que la tierra produzca sustancias medicinales, y el hombre inteligente no debe despreciarlas…Con esas sustancias, el médico calma los dolores y el boticario prepara sus remedios. Así no desaparecen los seres creados por Dios, ni falta a los hombres la salud.”
  • Josefo, Guerras 8.6 §136 (versión Ropero) – “[Los esenios] se dedican al estudio de las escrituras antiguas, sacando de ellas principalmente aquello que conviene para sus cuerpos y almas, y por tanto, suelen alcanzar los conocimientos de muchas hierbas, plantas, raíces y piedras, saben las virtudes de todas, esto escudriñan con gran diligencia.”
  • Jubileos 10:12-13 (versión Díez Macho, 2:108) – “Y comunicamos [nosotros sus hijos] a Noé los remedios de las enfermedades, juntamente con sus engaños, para que curase con las plantas de la tierra. Noé escribió todo como se lo enseñamos en un libro, con todas las clases de medicina, y los malos espíritus quedaron sin acceso a los hijos de Noé.[xv]
  • Filón, Sobre los sacrificios de Caín y Abel 70-71 (versión Triviño, 1:190) – Aunque Filón da al médico su debido respeto,[xvi] él también reprende a la gente que no ora, sino que se vuelve a la “de primera intención se acogen a los auxilios que procuran las creaturas: médicos, plantas, combinaciones de drogas, rígidas dietas y todas las otras ayudas que se usan entre los mortales.”

Por consiguiente, ambas fuentes tanto helenísticas como judías indican que un autor del siglo primero podría fácilmente haber dicho “usen la mejor medicina disponible, luego de que los ancianos oren,” si eso es lo que hubiera querido decir. Con esto en mente, ¿Es factible sostener que el aceite era la mejor medicina disponible y de este modo proveer una analogía con la medicina moderna? ¿No sería equivalente a que un pastor moderno dijera al enfermo que se tomaran dos aspirinas y orara por ello?

Segundo, es la oración lo que salva al enfermo, no el aceite; el orden de palabras en griego pone “la oración de fe” en una posición enfática. En el plan para la sanidad en Santiago 5, aceite o medicina simplemente no juegan un papel eficaz. Santiago está seguro de que la oración salva al enfermo. Por supuesto, él no anula la medicina tampoco.[xvii]

Tercero, algunas de las enfermedades en cuestión son causadas por un problema espiritual – por el castigo del Señor o por pecados no confesados. La unción no hace ningún bien a las enfermedades severas si la confesión y el arrepentimiento no están presentes.

Cuarto, el enfoque de la “mejor medicina posible” no puede explicar el pasaje paralelo en Mc 6:13 (NVI) – “[Los apóstoles] expulsaban a muchos demonios y sanaban a muchos enfermos, ungiéndolos con aceite.” Puesto que esas sanidades apostólicas eran milagrosas, debemos preguntarnos: ¿por qué los apóstoles usarían la “mejor medicina posible” si ellos sanaban directamente a través del poder de Dios? El ungimiento en Mc 6:13 es difícilmente un sacramento perpetuo (ya que es la única referencia a la unción en los evangelios), ni tampoco es medicina. Aunque dijimos que la sanidad en Santiago 5 no es carismática, el papel de la unción es similar: Santiago recalca el hecho de que es la oración lo que hace que haya sanidad, no el aceite.

Quinto, la unción debe ser acompañada por la invocación del nombre del Señor, se deduce entonces que el aceite no hace ningún bien sin la intervención del Señor. Jay Adams, sin embargo, afirma que “lo que Santiago defiende es el uso de la medicina consagrada y dedicada…Pero cuando la medicina se usa, debe ser usada junto con la oración. Esta es la razón por la cual Santiago dice que la oración de fe sana al enfermo.”[xviii] Pero entonces, debemos preguntarnos: ¿por qué la medicina moderna cura a aquellos que no oran?

Sexto, una unción de cuerpo entero ofende nuestro sentido de la intimidad si los ancianos lo hacen ellos mismos (el participio infiere que ellos lo hacen). Aquí es donde surge un problema de presuposición hermenéutica. ¿Será que estamos asumiendo que Santiago aboga por la “mejor medicina posible” junto con una oración general precisamente porque es lo que nosotros los cristianos del siglo 21 hacemos? La evidencia en contra de esta posición es todo menos insuperable, y es necesario no ir en contra de datos claros.

2. El aceite era sacramental. Una segunda interpretación es que, la iglesia católica reconoce la unción de los enfermos como uno de los siete sacramentos.[xix]La unción acompaña a la confesión final de pecados antes de la muerte. Dios perdonará estos últimos pecados, él será “salvado” y “levantado” (es decir, resucitado al fin del mundo).[xx]No obstante, esta visión sacerdotal contradice la expectativa de Santiago de sanidad, no en el sentido de un mejor estado de preparación para la vida después de la muerte.[xxi] La enfermedad no necesariamente atenta contra la vida,[xxii] y una comprensión soteriológica de “salvar” y “levantar” daña la discusión de Santiago de sanidad física por medio de v. 16.[xxiii]

Sophie Laws sugiere que aquellos que le niegan un significado medicinal al aceite están haciendo una distinción muy clara entre medicina y sacramento en la mente del primer siglo.[xxiv] Aunque el punto es bueno, la literatura judía ciertamente conocía la distinción, si bien no es tan definido como lo es en nuestro propio siglo.

3. El aceite era usado como un refuerzo psicológico.En esta interpretación el aceite es “una ayuda adicional para despertar la fe” en una mente simple, comparable a la masa de higos de Isaías (2 Re 20:7) o al paño de Pablo (Hch 19:12).[xxv]

Este punto de vista está lleno de problemas también. Primero, 2 Reyes es ambiguo en el asunto de si Isaías usó o no un placebo, y el uso de Pablo de la tela era una prueba de que la sanidad venía del Dios de Pablo.

Segundo, ni Isaías ni Pablo recomendaban sus símbolos como una práctica universal en la forma en que lo hace Santiago con el aceite. Finalmente, son los ancianos los que deben orar en fe en este pasaje (v. 14), no el paciente.

4. El aceite era usado como un símbolo del favor divino.[xxvi]La interpretación que se recomienda aquí es que la unción no era medicina ni extrema unción, sino una señal de la presencia sanadora de Dios. La unción, así como el untar o derramar aceite en la cabeza, era un ritual antiguo en Israel. Los sacerdotes (Ex 29:7) y reyes (1 Sm 10:1) eran ungidos cuando eran apartados para Dios. El aceite era un símbolo general de la presencia especial de Dios, la elección, y el buen favor.

El argumento normal contra nuestra perspectiva es que si Santiago hubiera estado hablando de un uso religioso simbólico del aceite, hubiera utilizado jriō (“ungir sacramentalmente”) en lugar de aleiphō (“ungir”).[xxvii] Se debe decir primeramente  que una distinción tan rígida viene de un idealismo del lenguaje, que era popular antes del advenimiento de la lingüística moderna. Pero aún antes, es de notar que un maestro de la vieja escuela como R. C. Trench, no anula la posibilidad de que aleiphō se pueda referir a la unción religiosa-simbólica: “Aleiphein se usa indiscriminadamente en todas las unciones, ya sean de aceite o de ungüento; mientras que jriein…es restringida en forma absoluta a la unción del Hijo.”[xxviii] Trench entonces señala que en la LXX aleiphō es utilizada para unciones religiosas y simbólicas en dos oportunidades (de sacerdotes en Ex 40:13 y Nm 3:3; y deberíamos agregar Gn 31:13), ejemplos que no apoyan el sentido “secular” de aleiphō. Entonces, podríamos decir que jrio está restringido usualmente a la unción religiosa, mientras que aleiphō se puede referir a cualquier unción.

La discusión de si aleiphō puede denotar un símbolo religioso se convierte en una discusión académica a la luz de Mc 6:13, al referirse a la sanidad milagrosa acompañada de la unción. En Santiago 5 la oración de fe toma el lugar de un milagro apostólico y una vez más el aceite es privado de cualquier propiedad de inherente poder curativo.

Una ventaja en la perspectiva del aceite como símbolo religioso es que no necesitamos imaginar a los Doce o a los presbíteros usando el aceite como una loción del cuerpo. Aún sin tomar en cuenta el asunto de lo intimo, es poco práctico imaginarse a los apóstoles ungiendo a multitudes al aire libre y en los pueblos. Debieron de haber usado otro método de unción, que se llevara a cabo en la iglesia primitiva: el de derramar o untar el aceite en la cabeza.

Santiago con seguridad predice el resultado de estas acciones:

  • La oración ofrecida en fe rescatará al enfermo;
  • El Señor lo levantará (de la enfermedad);
  • Si ha cometido algún pecado, el Señor los perdonará.

Hay un lado espiritual claro en la sanidad, que el Señor, (¡no la medicina!) perdonará “si él hubiese cometido pecado” (pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo). En algunos casos, el perdón y la sanidad deben ir juntos. Asumimos que los ancianos indagarán acerca de la falta de arrepentimiento antes de orar (cf. Jn 5:14, 9:3; 1 Cor 11:28-30). Santiago sabe que no toda enfermedad es causada directamente por el pecado, pero la posibilidad es real.[xxix] Santiago no dice si la sanidad es o no instantánea; lo que sí dice es que estará disponible pronto a menos que, presumiblemente, haya alguna causa extenuante para la aflicción. Él sí se refiere a la “oración de fe” en v. 15, la que recomienda en 1:6, 4:2-3, 5:16b-18. Él contrasta esta fe con el doble ánimo tanto en 1:8 como en 4:8, con la “duda” en 1:6, y con el orar por la búsqueda del placer en 4:3, Santiago no admite la posibilidad de que el deseo de la salud sea un motivo pobre de oración.[xxx] El contexto de Santiago niega la opinión de Rendel Short,[xxxi] viz., de que la fe en Sant 5:15 y en 1 Cor 12:9 sean la misma cosa, una especie de provisión temporal sobrenatural que es de Dios para darla y que no está disponible cuando la sanidad está en contra de la voluntad de Dios. Short cataloga cualquier otra oración por sanidad como “optimismo falso”; él, por tanto, contradice la enseñanza de Santiago acerca de la fe en Santiago 1. La oración de fe en 5:15 es una oración en la cual los ancianos oran por sanidad y creen que la sanidad ocurrirá.

Santiago concluye esta sección en v. 16a con una exhortación general: “Por lo tanto, confiesen sus pecados los unos a los otros, y oren los unos por los otros, para ser sanados.” Santiago está dirigiéndose a la vida cotidiana de la congregación (él cambia de aoristo yusivo a presentes imperativos): si todos los cristianos estuvieran admitiendo sus pecados a los demás y orando los unos por los otros, el último remedio de llamar a los ancianos podría ser evitado.[xxxii]

En resumen, podemos obtener de Santiago este curso de acción:

  1. El cristiano enfermo debe llamar a sus propios ancianos
  2. Los ancianos deben indagar acerca de los pecados pasados e instar al arrepentimiento
  3. Los ancianos deben ungir (untar aceite en la cabeza) en el nombre de Señor Jesucristo
  4. Los ancianos deben orar por sanidad creyendo que la sanidad ocurrirá

No es lo mismo que ir donde un sanador de fe, ni estamos buscando sanidad por las llamadas “leyes naturales” de sanadores místicos no cristianos. Los modernos sanadores de fe y sanadores místicos no recomiendan a sus adheridos llamar a sus propios ancianos para unción y oración.

La unción con aceite y la oración por sanidad fueron practicadas por algún tiempo en la historia de la iglesia. Tertuliano se refiere a un tal Próculo, que ungía y sanaba al emperador Severo alrededor del año 212 d. C.[xxxiii] Por primera vez, en 416, Inocencia I conecta Santiago 5 con el sacramento de unción.[xxxiv] En contraste con Sant 5:15 y la inequívoca promesa de sanidad, el registro bíblico da a entender que Dios no siempre sana: Trófimo es probablemente mejor conocido por nosotros por haber sido “dejado enfermo” en Mileto (2 Tim 4:20). Al menos, todos los cristianos antes de la parusía sucumbirán a enfermedad y muerte final. A los cristianos les es garantizada la sanidad final en la resurrección, y son también afirmados por el interés de Dios de sanar en este tiempo.

Pero, con todo, llamar a los ancianos es una gracia de Dios que debemos recibir con alegría. Los cristianos deben animarse con Santiago 5 y no ser llevados por su inusual apariencia.[xxxv]

PD – Tengamos cuidado de las ofertas de aceite especial, sea de Israel o de un árbol único, ni aceite especialmente bendecido por algún líder. Por ejemplo, he aquí aceite “de Rey David,” al precio inflado de USD $18.00 por 30 ml. Están vendiéndoles lo que no lo necesitan. No existe ningún aceite “mágico”; el poder proviene de Dios, no del aceite. Yo uso aceite común y corriente del mercado; de Amazon, el precio es $8.00 por litro, con cual botella se puede ungir a cientos de personas.

NOTAS:

[i] Cf. esp. Bruce Barron, The Health and Wealth Gospel (Downers Grove, IL: IVP, 1987), para una excelente crítica de la idea anterior.

[ii] John Wilkinson, Health and Healing (Edinburgh: Handsel, 1980), 148, muestra que la aflicción física no demoníaca es lo que pretende astheneō. También L. T. Johnson, The Letter of James, AB 37A (New York: Doubleday, 1995), 330; Jean Cantinat, Les Epîtres de Saint Jacques et de Saint Jude, SB (Paris: Gabalda, 1973), 247. Cf. al intento de leer esto en términos de debilidad espiritual por Carl Armerding, “‘Is Any Among You Afflicted?’ A study of James 5:13-20,” BSac 95 (1938):195-201.

[iii] Contra Cantinat, 248-49.

[iv] Aunque note K Seybold and U. B. Müller, Krankheit und Heilung (Stuttgart: Kohlhammer, 1978), 161, quienes asignan una fecha tardía a Santiago y concluyen que los dones de sanidad y milagros en 1 Cor 12:28 se habían institucionalizado en los presbíteros. De igual forma A. B. Simpson en The Gospel of Healing (London: MacMillan & Scott, 1915) y A. J. Gordon in The Ministry of Healing (2da ed., Harrisburg: Christian Publications, 1961), aunque ellos argumentan que el don de sanidad está aún disponible a la iglesia hoy en día.

[v] Note las frecuentes referencias a visitar a los enfermos en el Talmud Babilónico (nuestra traducción, ed. I. Epstein): b. B. Mes. 30b; b. Sabb.127a – “Hay seis cosas, el fruto de las cuales el hombre come en este mundo, mientras que el principal permanece para él en el mundo porvenir, viz.: hospitalidad a los extranjeros, visitar a los enfermos, etc.”; también b. Ned. 39b-40a. El rabino Akiba compara el descuido de visitar a los enfermos con el derramamiento de sangre, pues las oraciones del visitante podrían haber sanado a un hombre moribundo; hay guías sobre si uno debe mantenerse en pie o sentarse con el enfermo (b. Ned. 39a) o cuando no visitarlo (si el padecimiento es vergonzoso, tal como problemas de intestinos; o si se puede agravar por hablarle, b. Ned. 41a). Note la preocupación por la sanidad en el Sabbath (b. Ned. 41a); el debate en este caso parece haber estado restringida a padecimientos que pusieran en peligro la vida como heridas abiertas (b. ‘Abod. Zar. 27b-28b). Hay advertencias contra clamar en oración por el enfermo en sábado, por miedo a que el rabí fuera culpable de la obra de sanidad (b. Sabb. 127a). Note también lo que Policarpo piensa de un buen presbítero: este debe “visitando a todos los enfermos” (Pol. Fil. 6.1 [Lightfoot]; ver Eclo 7:35 (Sira, DHH) – “No descuides al enfermo, y él te querrá.”

[vi] Cf. Sophie Laws, Epistle of James (San Francisco: Harper & Row, 1980), 227-29; C. L. Mitton, Epistle of James (Grand Rapids: Eerdmans, 1966); Peter H. Davids, La epístola de Santiago, NCITG (Fairfax, VA: Fundación Hurtado, 2015), 193.

[vii] Davids, 193.

[viii] “De la cualidad efectivamente curativa no hay que descartar tampoco cierta idea mágica, puesto que – según la creencia de aquel entonces – toda enfermedad estaba ligada a los poderes divinos o demoniacos.” De “Ungir,” DTNT, 4:303. Ver también, Schlier, “aleiphō,” TDNT 1:231.

[ix] En el tardío Midrash de Eclesiastés, Hanina es puesto bajo un hechizo (por un galileo judío cristiano) y monta un burro en sábado; su tío Josué lo unge, ante lo cual se recupera del hechizo (cf. Midr. Qoh. I, 8). Cf. Midrash Rabba on Ecclesiastes, tr. A. Cohen (London: Soncino, 1939). Dibelius y Greeven, James, Hermeneia (Philadelphia: Augsburg Fortress, 1976), 252, aseveran sin evidencia que en Santiago 5, “el procedimiento completo es un exorcismo.”

[x] Parece claro que muchos escritores se aprovechan de los comentarios de Ropes y de Mayor sobre Santiago para sus selectivas referencias en cuanto a la unción; ver James H. Ropes, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle of James, ICC (Edinburgh: T & T Clark, 1916), 304-07; también, J. B. Mayor, The Epistle of St. James (Edinburgh: T. & T. Clark, 1892), 170-73. De este modo, la autoridad en consejería Jay Adams puede afirmar osadamente que “de hecho, en tiempos bíblicos el aceite era usado como la medicina universal…Santiago no habló de unción ceremonial para nada.” Cf. Jay Adams, Competent to Counsel (Grand Rapids: Zondervan, 1970), 107.

[xi] De la misma manera argumentan Johnson, 343; Cantinat, 249; Adams, 108. Cf. esp. Wilkinson, 153ss. – él afirma que cada método de curación moderno está representado por algún miembro de la iglesia hoy en día y que la tecnología médica es entonces el equivalente a la unción para la iglesia. En contra de la interpretación “medicinal,” ver Dibelius y Greeven, 252; Ralph P. Martin, James, WBC: (Dallas, TX: Word, 1988), 208-09.

[xii] Ver Hermann L. Strack y Paul Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch (3 tomos; München: C. H. Beck’sche, 1922-1926), 2:13; también 3:759 (Sant 5).

[xiii] TDNT 1:229-32, el cual concluye que el aceite en Stg 5 tiene propiedades mágicas para el exorcismo.

[xiv] Nuestra traducción de Celso, ver http://www.perseus.tufts.edu/hopper/searchresults?q=celsus.

[xv] Siglos más tarde, el Talmud Babilónico registra toda clase de remedios, de los cuales la unción con aceite juega un papel menor. El aceite se cita con frecuencia como una ayuda a la buena higiene, pero la sanidad se dice que resulta de una dieta apropiada, higiene y remedios de hierbas, por ej.: “Seis cosas curan a un inválido de su enfermedad, y su remedio es un remedio eficaz; repollo, remolacha, una decocción de pez seco, estómago, vientre y el lóbulo grande del hígado y algunos agregan: y también un pescado pequeño.” (b. Ber. 57b, nuestra traducción del inglés). b. ‘Abod. Zar. 28b-29a recomienda enjuagues de vinagre y pociones, una buena dieta, hierbas y hojas.

[xvi] “Es que el castigo, que aparentemente es una cosa odiosa, resulta un grandísimo bien para aquellos que obran insensatamente, tal como ocurre con la medicina en el caso de los que están corporalmente postrados.” Filón, Sobre la agricultura 40 (Triviño), 2:78.

[xvii] sōzō, “salvar,” es a menudo usado con un sentido no-soteriológico; note su uso para la sanidad física en Mt 9:21. Ver la discusión útil por Douglas J. Moo, Comentario de la epístola de Santiago (Miami, FL: Vida, 2000), 273.

[xviii] Cf. Adams, 108. Samuel Pérez Millos, Santiago, CETGNT (Barcelona: CLIE, 2011), in loc., dice que es medicinal y simbólico.

[xix] La iglesia católica dio a conocer formalmente la Extrema Unción un sacramento en 852 d. C. Lo reafirmó en Trento (Sesión XIV, 1) y también extrajo el sacramento de la Confesión auricular de Sant 5:16. Ver el Catecismo de la Iglesia Católica §1523, http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c2a5_sp.html

[xx] Ver la excelente información desde una perspectiva católica en Cuidado Pastoral de los Enfermos: Ritos de la Unción y del Viático (4va ed.; México, 2000); también Lizette Larson-Miller, The Sacrament of Anointing Of the Sick, Lex Orandi (Collegeville, MN: Liturgical Press, 2005).

[xxi] Ver Franz Mußner, Der Jakobusbrief, HTKNT: 13.1 (Freiburg: Herder, 1964), 220, y Davids, 193; ellos toman una perspectiva sacramental de la unción sobre la base de “aceites sacramentales” de Is 61:3, Vida de Adán y Eva 36 (“Adán le contestó: – Levántate, Eva, ve con tu hijo Set a las puertas del paraíso, poned polvo en vuestras cabezas, prosternaos y llorad en la presencia del Señor Dios. Tal vez se compadezca de vosotros y ordene que su ángel acuda al árbol de la misericordia, del que fluye el aceite de la vida; que éste os entregue un poco y me unjáis con él, para que me alivie de estos dolores que me agobian y atormentan.” Díez Macho, 2:346), y Apocalipsis de Moisés 9 (“Adán contestó a Eva: – Levántate y vete con nuestro hijo Set a las inmediaciones del paraíso, poneos tierra sobre vuestras cabezas y llorad suplicando a Dios que se apiade de mí, envíe a su ángel al paraíso y me dé fruto del árbol que produce el aceite, para que lo traigas, me unja y descanse. Y te mostraré la manera como fuimos engañados al principio.” Díez Macho, 2:327). Pero el “aceite de la alegría” en Is 61:3 es claramente metafórico; el “aceite de misericordia” en Vida de Adán y Eva 36 (Apoc. Mois. 9) es para sanar, no para salvar. Es interpretado en una interpolación cristiana en Vida de Adán and Eva 42 (Díez Macho, 2:347) como una metáfora de salvación en Cristo: “El mismo Cristo, Hijo de Dios, será bautizado en el río Jordán. Una vez que haya salido del agua, en ese preciso instante ungirá con el aceite de su misericordia a tu padre y a todos los que creen en él. Y habrá aceite de misericordia de generación en generación para todos los que han de nacer del agua y del espíritu para la vida eterna.” Wilkinson, 150, va más al punto: no están presentes ni autoridad oficial ni carisma; los ancianos oran como representantes de la congregación, los cuales de acuerdo a Sant 5:16 tienen la autoridad para orar o sanar.

[xxii] Cf. Cantinat, 247.

[xxiii] Ver Calvino y Mayor para comentarios sobre la Extrema Unción. Calvin también dice en su Institución de la Religión Cristiana 4.19.18 (2 tomos; 5ta ed.; Fundación Editorial de Literatura Reformada, 1999), 2:1154 “Pero al presente ha cesado aquella gracia de sanar enfermos, como también los demás milagros que el Señor quiso prolongar durante algún tiempo para hacer la predicación del Evangelio – que entonces era nueva – admirable para siempre. Así pues, aun cuando admitamos que aquella unción fue sacramento de las virtudes que por mano de los apóstoles entonces se dispensaban, nada nos queda a nosotros al presente, ya que no nos es concedida la administración de las virtudes.” El aceite era usado sacramentalmente en la iglesia primitiva, como parte del bautismo. De hecho, las Constituciones Apostólicas 3.2.16 (siglo IV, nuestra traducción de inglés) tratan con lo inadecuado de que diáconos masculinos unjan a catecúmenas femeninas. Habla del bautismo de mujeres: “Porque estamos en necesidad de una mujer, una diaconisa, para muchas necesidades; y primero en el bautismo de mujeres, el diácono deberá ungir sólo su frente con el aceite sagrado. Y después de que la diaconisa los unja [por todas partes] (aleiphō): pues no hay necesidad de que las mujeres sean ungidas totalmente y después de él, a la diaconisa se ungirá vista por los hombres.” Basilio el Grande, Sobre el Espíritu 66 (nuestra propia traducción), admite que esta práctica de ungir a los candidatos para el bautismo no tiene base bíblica segura: “Bendecimos el agua del bautismo y el aceite de crisma, y además de esto al catecumen que está siendo bautizado. ¿A partir de qué autoridad escrita hacemos esto? ¿No es nuestra tradición silenciosa y mistica? No, ¿con qué palabra escrita se enseña la unción del aceite? Y ¿de dónde viene la costumbre de bautizar tres veces?”

[xxiv] Ver Laws, 227.

[xxv] Mitton, 198-99.

[xxvi] Así, rechazando la interpretación “medicinal,” Moo, 277-78, con respecto a los dos verbos y evidencia en contra de la interpretación medicinal del versículo. También, Craig Blomberg y Mariam J. Kamell, James, ZECNT (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2008); Martin, 209; Dale C. Allison, Jr., A Critical and Exegetical Commentary on The Epistle of James, ICC (New York: Bloomsbury, 2013), 760, dice que tiene el poder de curar y también es simbólico.

[xxvii] Ver Adams, 107.

[xxviii] Richard C. Trench, Synonyms of the New Testament (12va ed.; London: Kegan Paul, Trench, Trübner, & Co., 1894), 137, nuestra traducción. Jriō está restringido de esta forma en el griego del NT, pero los papiros muestran que jriō aleiphō se usaban de frotar aceite sobre los animales; ver J. H. Moulton y G. Milligan, Vocabulary of the Greek Testament (London: Hodder & Stoughton, 1930), 693.

[xxix] Ver Wilkinson, 149, para un cuadro balanceado de pecado y enfermedad.

[xxx] Cf. Mußner, 224.

[xxxi] Cf. Rendel Short, The Bible and Modern Medicine (London: Paternoster, 1953), 125.

[xxxii] Ver Adams, 105-27.

[xxxiii] “Incluso el mismo Severo, el padre de Antonino, era amablemente dispuesto a los cristianos, pues buscó al Cristiano Próculo, también llamado Torpación, el mayordomo de Eujodió, y en gratitud por haberle curado una vez con la unción, lo mantuvo en su palacio hasta el día de su muerte.” Nuestra traducción de Tertuliano, A Scápula 4.

[xxxiv] Su punto fue que el aceite bendito por el obispo puede ser usado por laicos sin un sacerdote presente “Nota acerca del ministerio del sacramento de la unción de los enfermos,” tomado de http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20050211_unzione-infermi_sp.html

[xxxv] Cf. la cautela no justificable mostrada por el erudito reformado Arthur Pink, La sanidad divina: ¿Es escritural? Un estudio sobre la sanidad divina en la Biblia (Kindle, loc. 518); él razona que es permitido ungir con aceite, pero que a él no le gustaría “dogmatizar” acerca de esto. Él también concluye que los ancianos modernos no son suficientemente espirituales para llevar a cabo esa oración tan fiel.

“¿Nos sanará Dios? Una re-evaluación de Santiago 5:14-16a,” por Gary Shogren, PhD en Nuevo Testamento, profesor de Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

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